Sport

Sinner pierde en Roland Garros noqueado por el calor un partido que ya tenía ganado

Sinner pierde en Roland Garros noqueado por el calor un partido que ya tenía ganado

En las noches de insomnio, Jannik Sinner volverá una y otra vez a la Philippe-Chatrier, escenario de sus tragedias, un lugar que quisiera olvidar. Si el año pasado perdió ante Carlos Alcaraz una final de Roland Garros que tenía ganada, este año fue noqueado por el calor en una segunda ronda ante el argentino Juan Manuel Cerúndolo que ya tenía dominada, sentenciada, prácticamente finiquitada.

Eran las 14.00 horas y el marcador era tan claro a favor del italiano (6-3, 6-2 y 5-1) que buena parte del público ya se había marchado a comer. A Sinner solo le quedaba ganar un juego, celebrar con mesura un nuevo triunfo y retirarse al vestuario a darse una ducha fría.

Hasta ese momento el duelo había transcurrido bajo una canícula aplastante, con 34 grados y un sol de justicia en París, pero el número uno del mundo apenas había dado muestras de incomodidad. Algún resoplido, mucha agua y poco más. Pero entonces, después de dos horas de partido, el calor le golpeó de lleno. De repente dejó de moverse, vencido, mareado, y perdió el rumbo.

Un final de orgullo

El partido transcurría, pero él ya no formaba parte. Su rival, el hermano pequeño de los Cerúndolo, jugaba con inteligencia, moviéndole a un lado y otro de la pista, lanzándole dejadas, pero no siempre lo necesitaba. Sinner, además de acalorado, se lamentaba de dolor en la cadera y ya no podía hacer nada.

Quedará en su orgullo y en su biografía como campeón su aguante sobre la pista hasta el final. Se marchó al vestuario en dos ocasiones en busca de un milagro, se cambió de ropa, recibió tratamiento, se hidrató, ingerió lo que le dieron, pero no había manera. Su estrategia pasaba por acortar los puntos pero le faltaban fuerzas para conectar golpes ganadores y piernas para llegar a la red.

Al final, casi a las 16.00 horas, después de dos horas de puro sufrimiento, Sinner se marchó con una derrota por 3-6, 2-6, 7-5, 6-1 y 6-1 y con la tristeza de haber perdido una oportunidad única. Sin Alcaraz en el torneo, después de dominar toda la gira de tierra batida, este era su Roland Garros y ahora tendrá que esperar como mínimo un año. Para entonces le tocará volver a la Philippe-Chatrier, decorado de sus pesadillas, a intentar exorcizar todos sus demonios.

Demasiados precedentes

Para entonces deberá ser otro tenista. A lo largo de su carrera, el ganador de cuatro Grand Slam ha construido mejoras en todos los aspectos del juego. La última, la imprevisibilidad en sus golpes que aprendió tras caer en la final del último US Open. Pero desde la infancia le queda una asignatura pendiente: combatir los elementos.

Son demasiadas ya las ocasiones en las que las condiciones meteorológicas le han derrotado y muchas otras en las que le han mermado. Esta misma temporada le ocurrió en tercera ronda del Open de Australia ante Elliot Spizzirri y en semifinales del Masters 1000 de Roma ante Daniil Medvedev. Entre sus adversarios en Roland Garros este año sólo había uno realmente poderoso y a la primera le derrotó.


You may have missed