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Linternas: el superpoder de entretenerse sin que te sangren los ojos

Linternas: el superpoder de entretenerse sin que te sangren los ojos

No soy, ni muchísimo menos, experto en superhéroes. Quizá por eso soy una de esas personas que lo que prefieren de Marvel (si es que prefieren algo) es lo que funciona independientemente: Hulka, Wanda Maximoff, Wonder Man... El actor que da vida a este último en la Marvel-serie del mismo nombre, Yaya Abdul-Mateen II, tiene mucha experiencia superheroica. Y mucha suerte, pues su paso por Marvel no lo ha desvalorizado como estrella. Tampoco el villano que interpretó en Aquaman, perteneciente al otro criadero de superhéroes: DC. Pero no es lo normal. Hay estrellas que ya no lo son porque, al aceptar entrar en un universo superheroico, fueron fagocitados por, en este orden, el personaje, sus fans y el calendario promocional de la empresa que, a cambio de muchísimo dinero, los posee.

Linternas, serie recién estrenada en la plataforma HBO Max, pertenece al universo DC. En ella Aaron Pierre y Kyle Chandler son policías cósmicos destinados en el planeta Tierra. Visten de paisano y la serie se desarrolla en escenarios reales, con lo que los que los alérgicos a la estética superheroica hortera y multicolor estaremos más tranquilos.

Tampoco es que Linternas sea un prodigio de contención (la serie es lo que es) pero como mínimo podemos asegurar que no nos sangrarán los ojos ni por exceso de explosiones ni por modelitos intolerables. Hay más caminos que el Batman-verso lúgubre del Batman de Christopher Nolan, la épica de box de crossfit terraplanista de Zack Snyder y el canon cacharrero y brilli-brilli de Marvel y sus personajes autoconscientes. A estos últimos en el pódcast La sexta nominada no pudieron definirlos mejor: unas payasas.

Del superhéroe como concepto me interesan otras cosas: la superhumanidad como condena aceptada (Spiderman), la persecución al distinto (X Men) o la prostitución de los semidioses y su decadencia moral (Watchmen).

La desacomplejada conversión en un mero producto de Ozymandias, uno de los protagonistas de Watchmen, no anda lejos de la estrategia de Marvel y DC de conectar longitudinal y transversalmente sus películas y series para crear un todo y una necesidad de consumir ese todo. La excusa de que en los cómics ya se hace no es más que eso, una excusa. Pero peor es lo de los multiversos: la primera vez que aceptamos ese truco narrativo (¡wow! ¡vanguardia! ¡hallazgo!) no sabíamos hasta qué punto le abríamos las puertas al todo vale. Hasta la saga Alien ha sido contaminada por el parásito de intentar primero que todos sus episodios cuadren y luego, tras aceptar que lo anterior no ocurrirá nunca, de operar en una permanente huida adelante.

Como Bruja Escarlata y Visión o Jessica Jones, Linternas les ofrece a los sí-expertos en el universo superheroico de la factoría DC puentes a otras series y películas. A los que no los detectamos nos da una serie decentísima con actores muy carismáticos y tono propio. Creada por Chris Mundy, Tom King y su eminencia Damon Lindelof, esta ficción sabe qué serie es pero también qué serie quiere ser. De Lindelof, artífice de la desquiciada y genial Watchmen televisiva (con Yaya Abdul-Mateen II, por cierto), esperaríamos algo más. Pero de una serie sobre policías cósmicos destinados en el planeta Tierra e integrada en un trans-multi-capital-verso como el de DC tenemos derecho a esperarnos lo peor.

No soy experto en superhéroes, pero sí en expectativas no satisfechas. De Linternas no me esperaba nada y la serie me ha dado bastante. Y los ojos no me sangran. Mi superpoder es saberme conformar con poco, supongo.


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