Cultura

La emotiva despedida de Gustavo Dudamel de Los Ángeles: "Nunca habrá un último concierto"

La emotiva despedida de Gustavo Dudamel de Los Ángeles: "Nunca habrá un último concierto"

Gustavo Dudamel saldrá de Los Ángeles en unos días rumbo a Nueva York para dirigir la Filarmónica, pero Los Ángeles nunca saldrá de él. Su último concierto, el domingo por la noche en el mítico Hollywood Bowl, es buena prueba de ello. Fue más un hasta luego que un melancólico y bucólico adiós, una fiesta de carácter histórico, con 17.000 personas dispuestas a recaudar fondos para las víctimas de los terremotos en Venezuela y a darle una despedida de altos vuelos al hombre que ha ayudado a enriquecer la cultura angelina como pocos. La ovación fue tan cerrada que se vio obligado a salir a saludar hasta en cuatro ocasiones.

El despliegue de talento fue inolvidable, como no podía ser de otra forma: Natalia Lafourcade, Carlos Vives, Meme de Café Tacvba, Beck, Lasso... y la sorpresa final de Chris Martin, líder de Coldplay, con quien ya había compartido escenario en la Super Bowl de 2016. El londinense ejerció de maestro de ceremonias para cerrar el concierto y dedicarle varios temas a Dudamel.

«Lo conocí en una fiesta hace 12 años y me enamoré del él, lo cual, como heterosexual que soy, me confunde un poco», dijo tirando de humor británico. Interpretó Fix You y Viva la Vida con la filarmónica antes de sentar en una silla a Dudamel y cantarle Santa María en español.

Dudamel, generoso como siempre en sus esfuerzos, prefirió centrarse en ayudar a las víctimas del terremoto -ya son más de 6.000 muertos- que en despedirse. Aún así, tuvo su momento. Dio las gracias a una ciudad que le acogió como pocas y que le ha ayudado a convertirse en unos de los directores más importantes del momento. «Diecisiete años después puedo decir que soy un angelino», señaló emocionado, refiriéndose al «viaje extraordinario» que cambió su vida. Recordó que al llegar era un joven «salvaje» de Venezuela al que llamaban «director animal».

Cuando desembarcó en Los Ángeles, Dudamel era una fuerza de la naturaleza, con solo 28 años, y que en poco tiempo desató la Dudamanía en una ciudad ávida de cultura. Heredó una orquesta admirada internacionalmente y, en 17 años, la transformó la orquesta más importante de Estados Unidos, según muchos críticos. Normalizó la fusión de géneros, conciertos como los del domingo, donde la Filarmónica compartió escenario con estrellas del rock y del pop, dando además un lugar preeminente a la música latinoamericana.

Su despedida fue una muestra inmejorable de ello. Invitó a músicos como el virtuoso Jorge Glem, Lasso o Gregorio Prieto a rendirle un homenaje a su Venezuela natal, con canciones tradicionales y música llanera que sonó a fusión con el pueblo colombiano, sacudido por la tragedia también. Natalia Lafourcade interpretó Desde la raíz junto con el coro de los niños de la orquesta juvenil YOLA; Carlos Vives, La tierra del olvido, y Meme del Real hizo sonar el himno melancólico de Café Tacvba, Eres. «Nunca habrá un último concierto», dijo Dudamel de forma solemne.

Ahora le espera Nueva York, un reto mayúsculo que afronta con la aureola de ser uno de los directores más dinámicos y magnéticos de su generación. Asume el cargo de director musical y artístico, un puesto que lo coloca en una línea de sucesión histórica junto a Gustav Mahler, Arturo Toscanini o Leonard Bernstein. El nombramiento se anunció en febrero de 2023, pero su llegada se produce ahora, tras cerrar su etapa en Los Ángeles.

Dudamel no llega libre de compromisos: sigue siendo director musical de la Ópera de París -cargo que ocupa desde 2021- y de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, que dirige desde 1999, siendo casi un adolescente. Los Ángeles, por su parte, queda en manos del británico Daniel Harding.


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