Aldama inunda del Supremo de detalles demoledores sobre sobornos «protegidos» por Sánchez y financiación ilegal del PSOE

La palabra «financiación» surgía ayer cada pocos minutos en la declaración de Víctor de Aldama en el Tribunal Supremo, con pocas variaciones. Había dos destinatarios del dinero, el PSOE y la Internacional Socialista; y dos fuentes principales, empresas constructoras y petróleo venezolano.

Según el relato de Aldama ante los siete magistrados, una parte del dinero provenía de «constructoras» que querían captar más obra pública. «Tenemos que ver cómo podemos ayudarnos para que ellos se lleven la licitación y tener un rendimiento que a nosotros nos hace falta para la financiación del partido». Son palabras que en su declaración como acusado Aldama puso en boca de su compañero de banquillo Koldo García, cuando el asesor de José Luis Ábalos era el factótum en Transportes y a diario le bombardeaba a llamadas y mensajes.

La cantidad no correspondía a un porcentaje de la obra, sino que se pactaba caso a caso. Las constructoras entregaban el dinero a Aldama, que lo hacía llegar al asesor y al ministro. «Me decían que parte de ese dinero iba para la financiación del Partido Socialista», insistió.

Koldo García también le reveló cómo iba a integrarse el dinero en las cuentas del PSOE. No habría facturación, sino entregas en efectivo que se camuflaría como donaciones. «Koldo me dice no te preocupes, que lo distribuyo yo con gente y van haciendo donaciones al partido».

«Empiezan a pagarme en efectivo y yo hago entregas de dinero en el ministerio y en la casa del señor Ábalos en El Viso. Eso era una constante, empieza a haber una ruleta», relató. Cuando las cantidades eran «pequeñas», en torno a 50.000 euros, las llevaba encima, en sobres. Cuando la cifra era elevada, recurría a una mochila. «He llegado a llevar alguna vez a 250.000 euros, en una bolsa del plástico del Carrefour dentro de la mochila, a la casa de El Viso», detalló en referencia a la vivienda oficial de Ábalos. Al final del pasillo estaba el despacho del ministro, con la maqueta de un tren a su espalda.

«Le depositaba el dinero y él, por educación o por lo que fuera, ni lo contaba. Directamente lo guardaba en un cajón. Esto es como ha pasado y como ha sido». «¿Y esas cantidades cómo las obtenía?», le preguntó el fiscal jefe, Alejandro Luzón. «Siempre me las entregaban las constructoras».

Aldama precisó que entregó en esa época 1,8 millones de euros, una cifra que consideró «fácil» de cotejar con el aumento de las donaciones en ese periodo reconocidas en las cuentas del partido.

La financiación podía provenir también de negocios concretos, como la compra de material ferroviario a Stadler Rail Valencia. O la adquisición de terrenos de la Sepi que Hacienda iba a sacar a la venta. Parte del beneficio iba a ser para el partido.

La otra fuente de ingresos irregulares era el petróleo venezolano. «Se me dice que la Internacional Socialista necesita financiación y que puede venir por los cupos de petróleo controlados por el presidente interino Juan Guaidó». El acuerdo era apoyarle a cambio del dinero que suponen los cupos y eso e negocia «en Ferraz», con Ábalos como secretario de Organización del PSOE. Allí se reúnen ambas partes «para hablar de cómo se puede apoyar que Sánchez se elija como presidente de la Internacional Socialista». «Nos dicen que eso es fácil, pero que hay cosas que hay que negociar, que se han puesto encima de la mesa los cupos de petróleo y eso hay que convertirlo en dinero y transferirlo donde haya que transferirlo».

El Gobierno de Sánchez da entonces un giro y pasa a respaldar el régimen de Maduro. Pero lo de los cupos no cambia. «Exactamente igual, con PDVSA», aclaró Aldama. Del trasiego de petróleo calcularon recibir un millón mensual. Cuando Koldo se lo dijo a Ábalos, el ministro «como que no se lo cree». «Se iba a repartir, después de pagar la financiación de la Internacional Socialista, al señor Ábalos y al señor Koldo García».

La mayor parte del interrogatorio, que se extendió durante ocho horas, se centró en otros aspectos, los que sustentan las acusaciones por delitos de pertenencia a organización criminal, cohecho, uso de información privilegiada y malversación. Por ejemplo, el pago del piso de lujo para la novia del ex ministro, Jésica Rodríguez. A Aldama le pareció una manera cómoda de pagarle al ministro su ritmo de vida sin recurrir a la engorrosa entrega de efectivo.

Ratificó igualmente el reparto de papeles que se requiere para imponer condena por pertenencia a una organización criminal. Comisiones aparte, el empresario ponía 10.000 euros mensuales para gastos fijos de los otros dos acusados.

Abordó también el objeto de los dos inmuebles que debían acabar en manos del ministro, que andaba «inquieto» con que se cerrara el grifo del efectivo y reclamaba algo más estable. Ese era el objetivo de Aldama al ponerle en suerte un piso en La Castellana. En el caso del chalé en Cádiz, su compra iba a hacerse como parte de un negocio con Venezuela que finalmente no prosperó. Se lo acabó endosando a Villafuel, una sociedad que buscaba una licencia de hidrocarburos sin cumplir los requisitos legales. El canje era sencillo: «Tú quieres una licencia de hidrocarburos y el ministro quiere una casa», le dijo a los compradores.

Corroboró que dispuso de información por adelantado sobre la compra de mascarillas por parte de Transportes y que Koldo y el ministro pactaron trabajar con la empresa de la trama. Sucedió lo mismo en Baleares y Canarias: Koldo trasladó a los entonces presidentes Francina Armengol y Ángel Víctor Torres que había que comprar a Soluciones de Gestión y así se hizo.

De este modo, Aldama fue corroborando los escritos de acusación, excepto en un punto. Sostuvo que no abonó el veraneo de Ábalos en 2020 como premio por haber difundido una información favorable al rescate de Air Europa. «Dije que ya se le estaba pagando bastante dinero», dijo, insistiendo en que la familia Hidalgo, propietaria de la aerolínea, «no quería saber nada de comisiones». Esa contraprestación forma parte de la acusación de cohecho, pero no es grave: si el tribunal da por acreditado lo que sí reconoció ayer, hay de sobra.