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El US Open convertido en Coachella necesita a Alcaraz: influencers, entradas a 300 dólares y "desesperada necesidad" del español

El US Open convertido en Coachella necesita a Alcaraz: influencers, entradas a 300 dólares y "desesperada necesidad" del español

Un cóctel Honey Deuce, vodka con limón y licor de frambuesa, 23 dólares. Un lobster roll, es decir un perrito de bogavante, 40 dólares. Seis nuggets acompañados de caviar Petrossian, 100 dólares. El tenis nunca ha sido un deporte barato, pero en los últimos años se está viviendo un nuevo fenómeno: su Coachella-fication, como lo bautizó The Guardian, su conversión en algo parecido al festival de Coachella. Al tradicional componente aspiracional de estar en las gradas de un Grand Slam se le ha sumado la abundancia actual de influencers y la mezcla ha hecho que su acceso sea prohibitivo y que haya cambiado el perfil de los espectadores. Ahora hay más jóvenes, sí, pero menos amantes del juego. El US Open que empieza hoy es el ejemplo absoluto.

Mientras los clubes de tenis de la ciudad denuncian que sus jugadores de categorías inferiores no pueden conseguir entradas, el ticket más barato ya supera los 300 dólares -un precio también impulsado por la reventa legal de Ticketmaster y webs similares-, en los actos previos ya han desfilado por Flushing Meadows creadores de contenido de multimillonarios seguidores además de actores y actrices o la omnipresente Anna Wintour y en las tiendas de los alrededores los precios son exagerados. Sí, se venden seis nuggets con caviar a 100 dólares. Y sí, son todo un éxito. Hasta el alcalde, Zohran Mamdani, ha aprovechado para hacer campaña y prometer 1.000 entradas a precio reducido -100 dólares cada una- para los vecinos. Pero otra cosa es lo que ocurre en la pista.

Tan de moda como escaparate, el tenis vive en una paradoja. Con todo el carísimo jaleo que le rodea, el deporte se ha difuminado. Mucho show, poco espectáculo. Un calendario sobrecargado e intercambios de golpes a toda velocidad han provocado la ausencia prolongada de las estrellas -ahora falta Jannik Sinner como durante cuatro meses faltó Carlos Alcaraz- y una caída del interés general. La última final de Roland Garros, entre Alexander Zverev y Flavio Cobolli, fue la menos vista en televisión en 20 años y los dos Masters 1000 precedentes, Canadá y Cincinnati, marcaron bajísimos números de audiencia. La temporada tenística alcanzó su cenit allá en enero con aquellas semifinales del Open de Australia y desde entonces ha habido más sustos que asombros. De ahí la dependencia de un hombre, Alcaraz, para lo que vendrá estos días.

Gancho en la previa

«¿Salvará Carlos Alcaraz el US Open?"», se preguntaba hace unos días el Wall Street Journal. «El tenis necesita desesperadamente el impulso del showman Carlos Alcaraz», afirmaba esta semana el Times. La vuelta del español es el reclamo principal del torneo. El ahora número tres del mundo, que no compite desde el 14 de abril, cuando se retiró del Trofeo Conde de Godó con una lesión en la muñeca derecha, regresa directo a un torneo 'grande', al mejor de cinco sets, sin un solo set oficial en las piernas, ante el ruso Roman Safiullin, rival incómodo en pista dura para semejante estreno (este lunes, sobre las 19.00 horas). Su perspectiva es borrosa, pero el tenis y el US Open necesitan que vaya pasando rondas porque sin él se cae el cartel y las audiencias se quedarán sin gancho.

Toda la promoción previa ha corrido de su parte, desde su unión con Serena Williams en el dobles mixto como principal atractivo de la Fan Week previa a su melena al viento como la imagen más usada en la cartelería oficial, en las publicidades de Nike por la ciudad y en las promociones de ESPN, cadena que emite el torneo en Estados Unidos. Si alcanza la segunda semana, la narrativa de un regreso exitoso centrará la atención. Si no lo logra, el tenis, pese a todo lo instagramable que se ha vuelto, volverá a sufrir una caída de números.

La oportunidad de Djokovic

Porque más allá de él, pocas historias parecen capaces de atraer al espectador esporádico. Sueña el público estadounidense con el primer Grand Slam para un tenista del país desde 2003, cuando lo logró Andy Roddick, con Ben Shelton como principal aspirante esta vez, como sueña Rafa Jódar con llegar a los partidos decisivos tras una magnífica gira americana, aunque la opción con más sentido apunta a Novak Djokovic, que debuta la madrugada de este domingo al lunes ante el argentino Mariano Navone (sobre las 01.00 horas, Movistar). El serbio tiene ante sí otra oportunidad de conquistar su grande número 25, aunque llega lejos de su mejor nivel y necesita, como Alcaraz, dosificar esfuerzos en las primeras rondas.

El sorteo, además, los ha colocado en la misma mitad, por lo que podrían cruzarse en semifinales. Es el partido con el que sueña el deporte, uno de aquellos que agolpan a millones de seguidores frente al televisor. Si no se da, al tenis convertido en Coachella podría tener que conformarse de nuevo con las fotos de los influencers y sus caprichos en las gradas. Los cócteles Honey Deuce, los lobsters rull y los seis nuggets con caviar Petrossian por 100 dólares.


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