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Jódar supera a Carreño y llama a la puerta de los grandes en cuartos de Roland Garros

Jódar supera a Carreño y llama a la puerta de los grandes en cuartos de Roland Garros

Hay un conocimiento que solo nace de la vivencia. Rafa Jódar ya ganó un título profesional, ya asombró al público, ya desafió al número uno del mundo en aquella tarde para el recuerdo en Madrid. Pero el próximo martes, a sus 19 años, jugará sus primeros cuartos de final de Roland Garros; un éxito y una oportunidad. Ante Alexander Zverev, máximo favorito en el torneo, se presentará en la Philippe-Chatrier ya sin nada que perder para cruzar al siguiente umbral. Al acabar, pase lo que pase, no será el mismo. Será mejor. Aprenderá cuánto pesa la cercanía de un título así, qué ruido hace una pista así, cómo se respira cuando el mundo te mira así. Así se construye un campeón.

Mil estadísticas asombrosas rodean al español en su ascenso, su precocidad, su rapidez, pero no hay que olvidar la más obvia: está disputando su segundo Grand Slam. Y en el primero, el pasado Open de Australia, apenas jugó un par de encuentros. Que con esa experiencia se plante entre los ocho mejores del torneo resulta asombroso. Más aún que lo haga sin haber necesitado su mejor tenis.

Este domingo, en octavos de final, venció a Pablo Carreño por 4-6, 4-6, 6-1, 6-2 y 6-2 en tres horas y 41 minutos de un duelo extraño, marcado por cambios tácticos, dolores e interrupciones. Un único momento lo definió todo. A mediados del tercer set, Carreño notó un tirón en el hombro derecho -un chasquido, un algo- y a partir de entonces el partido cambió de naturaleza. Hasta ese instante había empujado a Jódar fuera de la pista con el revés cruzado y le había generado dudas, muchísimas dudas. Después del susto dejó de aguantarle los intercambios. Carreño fue atendido por el fisioterapeuta, se medicó y esperó que con el paso de los minutos la molestia remitiera. No ocurrió. A sus 34 años, suficiente había aguantado ya.

El dolor de Carreño

Llevaba más de un año fuera del circuito por una lesión en el codo y había caído más allá del puesto 100 del ranking ATP. Esta semana se sorprendía de su propio estado físico, pletórico en las tres rondas previas, especialmente en la victoria ante Jiri Lehecka; la semana pasada se había retirado del challenger de Valencia por dolor en ese mismo hombro. "Estoy disfrutando mucho, espero que el hombro aguante y que mi cuerpo me deje jugar", pidió en la previa. No pudo ser. Su primera hora contra Jódar fue un clínic de cómo se juega en tierra batida: con inteligencia, con aguante, con fuerza. Después ya no pudo hacer nada.

Se marchó triste, aunque algo se llevó: la lección ofrecida. Porque Jódar venció ayudado por las molestias de Carreño, sí, pero sobre todo gracias a su propia evolución dentro del partido. En París se le ve más cargado que en el Conde de Godó y el Mutua Madrid Open, y durante los dos primeros sets no supo qué hacer ante la solidez del veterano. Se entregaba al intercambio sin más, sin encontrar la manera de salir del revés de Carreño ni de generar ganadores, y los errores se acumulaban. Luego cambió.

A partir del tercer set, Jódar se metió más dentro de la pista para presionar los servicios de su rival y empezó a variar su juego. No se trataba de asumir más riesgos, pero tampoco de repetir una y otra vez el mismo golpe. Si no movía del sitio a Carreño, un jugador quince años mayor que él, no lo iba a derrotar. Y el cambio surtió efecto. Bajo la amenaza de lluvia, que obligó a interrumpir el juego en un par de ocasiones, Jódar fue adueñándose del partido y con Carreño ya mermado no hubo color.

Una tradición asombrosa

«Quiero felicitar a Pablo porque ha hecho un gran torneo y espero que le vaya muy bien esta temproada. Es difícil jugar contra él porque tiene un gran revés y cuesta cambiarle. He intentado no precipitarme, estar ahí, no fallar mentalmente y no sumar muchos errores. En los primeros sets no me ha salido bien, pero luego he mejorado», analizaba Jódar al acabar el partido, antes de agradadecer el apoyo a los aficionados españoles presentes, heredero de una tradición. En los últimos 30 años -¡30 años!-, España siempre ha tenido a un tenista en cuartos de Roland Garros. Empezó Bruguera en 1997, siguieron Mantilla, Corretja, Moyà, Costa, Ferrero y así hasta Alcaraz pasando por Nadal, por supuesto, o Ferrer, Robredo, Almagro, Ramos, Davidovich y el mismo Carreño.

A sus 19 años, en su segundo Grand Slam, Jódar ya se ha apuntado a esa lista y mañana aprenderá qué se vive en un escenario así.


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