{"id":249134,"date":"2025-07-07T23:19:52","date_gmt":"2025-07-07T20:19:52","guid":{"rendered":"https:\/\/vof-news.eu\/el-sexo-en-la-guerra-civil-causaba-mas-bajas-la-sifilis-que-el-enemigo\/"},"modified":"2025-07-07T23:20:23","modified_gmt":"2025-07-07T20:20:23","slug":"el-sexo-en-la-guerra-civil-causaba-mas-bajas-la-sifilis-que-el-enemigo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vof-news.eu\/es\/el-sexo-en-la-guerra-civil-causaba-mas-bajas-la-sifilis-que-el-enemigo\/","title":{"rendered":"El sexo en la Guerra Civil: \u00abCausaba m\u00e1s bajas la s\u00edfilis que el enemigo\u00bb"},"content":{"rendered":"<div>\n<p>Juli\u00e1n era un exseminarista que combat\u00eda con los franquistas y que ten\u00eda el don de gustar a las mujeres casi sin querer. Asun era su madrina de guerra, que es como se llamaba a las desconocidas que mandaban cartas y algunas golosinas a los soldados para animarlos en el frente. Pronto, Asun y Juli\u00e1n intimaron en su correspondencia. Asun se describi\u00f3 a s\u00ed misma en una carta y le revel\u00f3 a Juli\u00e1n que ten\u00eda un lunar en un lugar secreto. \u00c9l le pregunt\u00f3 si era negro, \u00abcomo el azabache, como la pena que tengo de no verlo\u00bb. Y ella le contest\u00f3: \u00ab\u00bfSabes que la otra noche al desnudarme <strong>me vi el lunar y me acord\u00e9 de ti? Un saludo muy afectuoso<\/strong>\u00ab. En las siguientes cartas, el lunar recibi\u00f3 el apodo de Periquillo.<\/p>\n<p>De la marquesa de Valpara\u00edso, Enriqueta Mariategui, sabemos que ten\u00eda 37 a\u00f1os en julio de 1937, que viv\u00eda en Madrid y que fue investigada y detenida, acusada de espionaje porque frecuentaba bares donde se relacionaba con militares. Su marido, capit\u00e1n de artiller\u00eda, hab\u00eda muerto fusilado en Paracuellos. La marquesa se defendi\u00f3: si sal\u00eda era para olvidar sus penas. Dos informes m\u00e9dicos, redactados quiz\u00e1 por amigos, consideraron que Mariategui viv\u00eda \u00abnotoriamente atra\u00edda por el sexo opuesto\u00bb y que ten\u00eda <strong>\u00abuna personalidad hist\u00e9rica y una predisposici\u00f3n er\u00f3tica subyacente\u00bb<\/strong>. La consideraron enferma mental con \u00abconducta extravagante, no responsable de sus actos\u00bb. Fue liberada.<\/p>\n<p>Son historias as\u00ed las que construyen <i>Amor y sexo en la Guerra Civil<\/i>, el libro de Fernando Ballano (editado por Arzalia) que estudia por primera vez como tema independiente la conducta sexual y rom\u00e1ntica de los espa\u00f1oles y de sus hu\u00e9spedes en el periodo 1936-1939: <strong>los soldados y sus novias del pueblo<\/strong>, los combatientes marroqu\u00eds, alemanes e italianos, las prostitutas, los comisarios sovi\u00e9ticos, los brigadistas ingleses, franceses y estadounidenses, los periodistas, las enfermeras, las prostitutas&#8230;<\/p>\n<p>\u00abArturo Barea lo escribi\u00f3: cuando se espera la muerte, la vida se convierte en simple y clara. Se trastoca todo, las personas quieren disfrutar porque no saben si estar\u00e1n vivas al d\u00eda siguiente. La particularidad de Espa\u00f1a es que esta fue una guerra civil, no una guerra entre naciones. Y que <strong>en los dos lados hubo muchos visitantes extranjeros <\/strong>que cambiaron la conducta amorosa y que dejaron muchas memorias\u00bb, explica Ballano a EL MUNDO.<\/p>\n<p>Algunos datos que hay que tener en cuenta sobre la Guerra Civil Espa\u00f1ola: uno, fue una guerra muy lenta. Algunos frentes estuvieron detenidos durante meses. Los soldados <strong>se aburrieron a menudo y, por tanto, tuvieron tiempo de enamorarse y de buscar amantes y prostitutas <\/strong>en la retaguardia. Dos, fue una guerra entre compatriotas, de modo que no abundan los relatos de terror sexual propios de las guerras coloniales, ni las fotos de humillaciones contra las mujeres como las de la liberaci\u00f3n de Francia ni las historias de violaciones en cadena que dej\u00f3 el Ej\u00e9rcito Rojo en Alemania. \u00abPero eso no significa que no hubiera violaciones. Yo no infravalorar\u00eda esos casos. No son el tema de este libro, que es el placer y el amor, pero existieron\u00bb, cuenta Ballano. Y tres, <strong>Espa\u00f1a no hab\u00eda cambiado tanto su moral sexual durante los a\u00f1os de la II Rep\u00fablica<\/strong>. Ni siquiera la Espa\u00f1a de la CNT. S\u00f3lo la llegada de los extranjeros fue un acelerador en el cambio. <\/p>\n<p>\u00abLos marroqu\u00edes vinieron medio enga\u00f1ados. Sus mandos intentaron que no tuvieran contacto con los espa\u00f1oles pero lo tuvieron y hubo muchos matrimonios. Hay algo curioso: <strong>no les gustaban las prostitutas espa\u00f1olas<\/strong>, as\u00ed que les tra\u00edan a sus <i>cheijas <\/i>desde el Protectorado. Las tra\u00edan junto al kif y el hach\u00eds\u00bb, cuenta Ballano. Los italianos tuvieron mucho \u00e9xito con las espa\u00f1olas, con o sin pago. Se dec\u00eda que iban perfumados a la guerra y hubo muchas bromas con las plumas de los cascos de los bersaglieri [su infanter\u00eda de \u00e9lite]. Los aviadores alemanes no se relacionaron nada con las espa\u00f1olas. Ten\u00edan sus prost\u00edbulos que dejaban asombrados a los nativos porque un oficial se apostaba a la entrada y vigilaba que sus pilotos estuvieran 20 minutos exactos. \u00abY los brigadistas hicieron mucho uso de la prostituci\u00f3n. Cuando estaban en la retaguardia arrasaban con todo. Es c\u00e9lebre su paso por Alcal\u00e1 de Henares, porque causaron muchos destrozos. Tambi\u00e9n hubo brigadistas que se casaron con espa\u00f1olas, ojo. Los brigadistas cobraban 12 pesetas diarias, mucho, de modo que hubo casos de intereses econ\u00f3micos\u00bb.<\/p>\n<p>El hilo del dinero y el amor es interesante. \u00abLos soldados del Ej\u00e9rcito Popular Republicano cobraban <strong>10 pesetas diarias, adem\u00e1s de comida y bebida<\/strong>. El servicio de una prostituta costaba cinco. Los rebeldes cobraban 50 c\u00e9ntimos. Luego les pusieron un plus de 1,10 pesetas por d\u00eda de trinchera. Los legionarios cobraban tres pesetas al d\u00eda y fueron los m\u00e1s liberales en sexo entre todos los sublevados. La diferencia en los sueldos se notaba mucho en la conducta sexual de los dos bandos, aunque, a la larga, la inflaci\u00f3n en el campo gubernamental igual\u00f3 mucho las cosas\u00bb, cuenta Ballano. \u00abEn los dos bandos, los ej\u00e9rcitos ten\u00edan sus unidades de prostitutas acompa\u00f1antes. Incluso entre las milicianas se infiltraron mujeres que eran prostitutas. Durruti quiso expulsarlas pero siempre volv\u00edan. Todo lo que logr\u00f3 fue eliminar el proxenetismo y controlar las enfermedades ven\u00e9reas con un r\u00e9gimen disciplinario muy duro. <strong>La s\u00edfilis causaba m\u00e1s bajas que el enemigo<\/strong>\u00bb.<\/p>\n<p><i>Amor y sexo en la Guerra Civil <\/i>est\u00e1 lleno de apodos y de nombres propios que fascinan a los lectores de 2025: La Turca y La Amparo fueron dos famosas proxenetas en el bando rebelde. La Turca, en realidad, era griega y se especializ\u00f3 en atender a los militares italianos. La Amparo era portuguesa, se intal\u00f3 en Le\u00f3n y trabaj\u00f3 con alemanes. Marlene Grey fue una domadora de leones francesa que actuaba desnuda o casi y que caus\u00f3 estupefacci\u00f3n en el Madrid sitiado. <strong>Un d\u00eda, los leones estuvieron a punto de com\u00e9rsela. Ten\u00edan hambre<\/strong>. Teresa Daniel fue una miss Espa\u00f1a que trabaj\u00f3 como enfermera en el Hospital Cl\u00ednico de Barcelona. Al parecer, los heridos prefer\u00edan a otra enfermera llamada Rosita, menos guapa pero m\u00e1s expresiva. Pablo Sarroca fue un antiguo capell\u00e1n militar que acab\u00f3 de agente del SIM republicano y que se hizo con un chalet del barrio de Ventas, donde <strong>vivi\u00f3 escandalosamente, amancebado con dos mujeres llamadas Gregoria Rubio y Julia Redondo<\/strong>. Thomas Cuthbert Worsley y Stephen Spender fueron dos escritores ingleses que llegaron a Espa\u00f1a para buscar a un amante que hab\u00edan compartido, un prostituto comunista llamado Tony Hyndman que se alist\u00f3 a las Brigadas Internacionales, que tuvo un ataque de p\u00e1nico al entrar en combate en la batalla del Jarama y que fue encarcelado como desertor.<\/p>\n<p>Un \u00faltimo apunte: la homosexualidad aparece en <i>Amor y sexo <\/i>en la Guerra Civil narrada, sobre todo, a trav\u00e9s de las historias de milicianos ingleses y de Gustavo Dur\u00e1n, un oficial republicano que <strong>pudo ser amante de Federico Garc\u00eda Lorca y del pintor N\u00e9stor Mart\u00edn de la Torre<\/strong>, y que era tan guapo y rubio que fue apodado porcelana. Fue rechazado por el PCE pese a demostrar que fue un soldado valiente y un hombre riguroso. Acab\u00f3 en Estados Unidos, casado y empleado en Naciones Unidas.<\/p>\n<hr\/>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juli\u00e1n era un exseminarista que combat\u00eda con los franquistas y que ten\u00eda el don de gustar a las mujeres casi sin querer. Asun era su madrina de guerra, que es como se llamaba a las desconocidas que mandaban cartas y algunas golosinas a los soldados para animarlos en el frente. 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Dos informes m\u00e9dicos, redactados quiz\u00e1 por amigos, consideraron que Mariategui viv\u00eda &quot;notoriamente atra\u00edda por el sexo opuesto&quot; y que ten\u00eda &quot;una personalidad hist\u00e9rica y una predisposici\u00f3n er\u00f3tica subyacente&quot;. La consideraron enferma mental con &quot;conducta extravagante, no responsable de sus actos&quot;. Fue liberada.Son historias as\u00ed las que construyen Amor y sexo en la Guerra Civil, el libro de Fernando Ballano (editado por Arzalia) que estudia por primera vez como tema independiente la conducta sexual y rom\u00e1ntica de los espa\u00f1oles y de sus hu\u00e9spedes en el periodo 1936-1939: los soldados y sus novias del pueblo, los combatientes marroqu\u00eds, alemanes e italianos, las prostitutas, los comisarios sovi\u00e9ticos, los brigadistas ingleses, franceses y estadounidenses, los periodistas, las enfermeras, las prostitutas...\u00abArturo Barea lo escribi\u00f3: cuando se espera la muerte, la vida se convierte en simple y clara. Se trastoca todo, las personas quieren disfrutar porque no saben si estar\u00e1n vivas al d\u00eda siguiente. La particularidad de Espa\u00f1a es que esta fue una guerra civil, no una guerra entre naciones. Y que en los dos lados hubo muchos visitantes extranjeros que cambiaron la conducta amorosa y que dejaron muchas memorias\u00bb, explica Ballano a EL MUNDO.Algunos datos que hay que tener en cuenta sobre la Guerra Civil Espa\u00f1ola: uno, fue una guerra muy lenta. Algunos frentes estuvieron detenidos durante meses. Los soldados se aburrieron a menudo y, por tanto, tuvieron tiempo de enamorarse y de buscar amantes y prostitutas en la retaguardia. Dos, fue una guerra entre compatriotas, de modo que no abundan los relatos de terror sexual propios de las guerras coloniales, ni las fotos de humillaciones contra las mujeres como las de la liberaci\u00f3n de Francia ni las historias de violaciones en cadena que dej\u00f3 el Ej\u00e9rcito Rojo en Alemania. \u00abPero eso no significa que no hubiera violaciones. Yo no infravalorar\u00eda esos casos. No son el tema de este libro, que es el placer y el amor, pero existieron\u00bb, cuenta Ballano. 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Ten\u00edan sus prost\u00edbulos que dejaban asombrados a los nativos porque un oficial se apostaba a la entrada y vigilaba que sus pilotos estuvieran 20 minutos exactos. \u00abY los brigadistas hicieron mucho uso de la prostituci\u00f3n. Cuando estaban en la retaguardia arrasaban con todo. Es c\u00e9lebre su paso por Alcal\u00e1 de Henares, porque causaron muchos destrozos. Tambi\u00e9n hubo brigadistas que se casaron con espa\u00f1olas, ojo. Los brigadistas cobraban 12 pesetas diarias, mucho, de modo que hubo casos de intereses econ\u00f3micos\u00bb.El hilo del dinero y el amor es interesante. \u00abLos soldados del Ej\u00e9rcito Popular Republicano cobraban 10 pesetas diarias, adem\u00e1s de comida y bebida. El servicio de una prostituta costaba cinco. Los rebeldes cobraban 50 c\u00e9ntimos. Luego les pusieron un plus de 1,10 pesetas por d\u00eda de trinchera. Los legionarios cobraban tres pesetas al d\u00eda y fueron los m\u00e1s liberales en sexo entre todos los sublevados. La diferencia en los sueldos se notaba mucho en la conducta sexual de los dos bandos, aunque, a la larga, la inflaci\u00f3n en el campo gubernamental igual\u00f3 mucho las cosas\u00bb, cuenta Ballano. \u00abEn los dos bandos, los ej\u00e9rcitos ten\u00edan sus unidades de prostitutas acompa\u00f1antes. Incluso entre las milicianas se infiltraron mujeres que eran prostitutas. Durruti quiso expulsarlas pero siempre volv\u00edan. Todo lo que logr\u00f3 fue eliminar el proxenetismo y controlar las enfermedades ven\u00e9reas con un r\u00e9gimen disciplinario muy duro. La s\u00edfilis causaba m\u00e1s bajas que el enemigo\u00bb.Amor y sexo en la Guerra Civil est\u00e1 lleno de apodos y de nombres propios que fascinan a los lectores de 2025: La Turca y La Amparo fueron dos famosas proxenetas en el bando rebelde. La Turca, en realidad, era griega y se especializ\u00f3 en atender a los militares italianos. La Amparo era portuguesa, se intal\u00f3 en Le\u00f3n y trabaj\u00f3 con alemanes. Marlene Grey fue una domadora de leones francesa que actuaba desnuda o casi y que caus\u00f3 estupefacci\u00f3n en el Madrid sitiado. Un d\u00eda, los leones estuvieron a punto de com\u00e9rsela. Ten\u00edan hambre. Teresa Daniel fue una miss Espa\u00f1a que trabaj\u00f3 como enfermera en el Hospital Cl\u00ednico de Barcelona. Al parecer, los heridos prefer\u00edan a otra enfermera llamada Rosita, menos guapa pero m\u00e1s expresiva. Pablo Sarroca fue un antiguo capell\u00e1n militar que acab\u00f3 de agente del SIM republicano y que se hizo con un chalet del barrio de Ventas, donde vivi\u00f3 escandalosamente, amancebado con dos mujeres llamadas Gregoria Rubio y Julia Redondo. Thomas Cuthbert Worsley y Stephen Spender fueron dos escritores ingleses que llegaron a Espa\u00f1a para buscar a un amante que hab\u00edan compartido, un prostituto comunista llamado Tony Hyndman que se alist\u00f3 a las Brigadas Internacionales, que tuvo un ataque de p\u00e1nico al entrar en combate en la batalla del Jarama y que fue encarcelado como desertor.Un \u00faltimo apunte: la homosexualidad aparece en Amor y sexo en la Guerra Civil narrada, sobre todo, a trav\u00e9s de las historias de milicianos ingleses y de Gustavo Dur\u00e1n, un oficial republicano que pudo ser amante de Federico Garc\u00eda Lorca y del pintor N\u00e9stor Mart\u00edn de la Torre, y que era tan guapo y rubio que fue apodado porcelana. Fue rechazado por el PCE pese a demostrar que fue un soldado valiente y un hombre riguroso. 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Dos informes m\u00e9dicos, redactados quiz\u00e1 por amigos, consideraron que Mariategui viv\u00eda &quot;notoriamente atra\u00edda por el sexo opuesto&quot; y que ten\u00eda &quot;una personalidad hist\u00e9rica y una predisposici\u00f3n er\u00f3tica subyacente&quot;. La consideraron enferma mental con &quot;conducta extravagante, no responsable de sus actos&quot;. Fue liberada.Son historias as\u00ed las que construyen Amor y sexo en la Guerra Civil, el libro de Fernando Ballano (editado por Arzalia) que estudia por primera vez como tema independiente la conducta sexual y rom\u00e1ntica de los espa\u00f1oles y de sus hu\u00e9spedes en el periodo 1936-1939: los soldados y sus novias del pueblo, los combatientes marroqu\u00eds, alemanes e italianos, las prostitutas, los comisarios sovi\u00e9ticos, los brigadistas ingleses, franceses y estadounidenses, los periodistas, las enfermeras, las prostitutas...\u00abArturo Barea lo escribi\u00f3: cuando se espera la muerte, la vida se convierte en simple y clara. Se trastoca todo, las personas quieren disfrutar porque no saben si estar\u00e1n vivas al d\u00eda siguiente. La particularidad de Espa\u00f1a es que esta fue una guerra civil, no una guerra entre naciones. Y que en los dos lados hubo muchos visitantes extranjeros que cambiaron la conducta amorosa y que dejaron muchas memorias\u00bb, explica Ballano a EL MUNDO.Algunos datos que hay que tener en cuenta sobre la Guerra Civil Espa\u00f1ola: uno, fue una guerra muy lenta. Algunos frentes estuvieron detenidos durante meses. Los soldados se aburrieron a menudo y, por tanto, tuvieron tiempo de enamorarse y de buscar amantes y prostitutas en la retaguardia. Dos, fue una guerra entre compatriotas, de modo que no abundan los relatos de terror sexual propios de las guerras coloniales, ni las fotos de humillaciones contra las mujeres como las de la liberaci\u00f3n de Francia ni las historias de violaciones en cadena que dej\u00f3 el Ej\u00e9rcito Rojo en Alemania. \u00abPero eso no significa que no hubiera violaciones. Yo no infravalorar\u00eda esos casos. No son el tema de este libro, que es el placer y el amor, pero existieron\u00bb, cuenta Ballano. Y tres, Espa\u00f1a no hab\u00eda cambiado tanto su moral sexual durante los a\u00f1os de la II Rep\u00fablica. Ni siquiera la Espa\u00f1a de la CNT. S\u00f3lo la llegada de los extranjeros fue un acelerador en el cambio. \u00abLos marroqu\u00edes vinieron medio enga\u00f1ados. Sus mandos intentaron que no tuvieran contacto con los espa\u00f1oles pero lo tuvieron y hubo muchos matrimonios. Hay algo curioso: no les gustaban las prostitutas espa\u00f1olas, as\u00ed que les tra\u00edan a sus cheijas desde el Protectorado. Las tra\u00edan junto al kif y el hach\u00eds\u00bb, cuenta Ballano. Los italianos tuvieron mucho \u00e9xito con las espa\u00f1olas, con o sin pago. Se dec\u00eda que iban perfumados a la guerra y hubo muchas bromas con las plumas de los cascos de los bersaglieri [su infanter\u00eda de \u00e9lite]. Los aviadores alemanes no se relacionaron nada con las espa\u00f1olas. Ten\u00edan sus prost\u00edbulos que dejaban asombrados a los nativos porque un oficial se apostaba a la entrada y vigilaba que sus pilotos estuvieran 20 minutos exactos. \u00abY los brigadistas hicieron mucho uso de la prostituci\u00f3n. Cuando estaban en la retaguardia arrasaban con todo. Es c\u00e9lebre su paso por Alcal\u00e1 de Henares, porque causaron muchos destrozos. Tambi\u00e9n hubo brigadistas que se casaron con espa\u00f1olas, ojo. Los brigadistas cobraban 12 pesetas diarias, mucho, de modo que hubo casos de intereses econ\u00f3micos\u00bb.El hilo del dinero y el amor es interesante. \u00abLos soldados del Ej\u00e9rcito Popular Republicano cobraban 10 pesetas diarias, adem\u00e1s de comida y bebida. El servicio de una prostituta costaba cinco. Los rebeldes cobraban 50 c\u00e9ntimos. Luego les pusieron un plus de 1,10 pesetas por d\u00eda de trinchera. Los legionarios cobraban tres pesetas al d\u00eda y fueron los m\u00e1s liberales en sexo entre todos los sublevados. 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Y que en los dos lados hubo muchos visitantes extranjeros que cambiaron la conducta amorosa y que dejaron muchas memorias\u00bb, explica Ballano a EL MUNDO.Algunos datos que hay que tener en cuenta sobre la Guerra Civil Espa\u00f1ola: uno, fue una guerra muy lenta. Algunos frentes estuvieron detenidos durante meses. Los soldados se aburrieron a menudo y, por tanto, tuvieron tiempo de enamorarse y de buscar amantes y prostitutas en la retaguardia. Dos, fue una guerra entre compatriotas, de modo que no abundan los relatos de terror sexual propios de las guerras coloniales, ni las fotos de humillaciones contra las mujeres como las de la liberaci\u00f3n de Francia ni las historias de violaciones en cadena que dej\u00f3 el Ej\u00e9rcito Rojo en Alemania. \u00abPero eso no significa que no hubiera violaciones. Yo no infravalorar\u00eda esos casos. No son el tema de este libro, que es el placer y el amor, pero existieron\u00bb, cuenta Ballano. 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Ten\u00edan sus prost\u00edbulos que dejaban asombrados a los nativos porque un oficial se apostaba a la entrada y vigilaba que sus pilotos estuvieran 20 minutos exactos. \u00abY los brigadistas hicieron mucho uso de la prostituci\u00f3n. Cuando estaban en la retaguardia arrasaban con todo. Es c\u00e9lebre su paso por Alcal\u00e1 de Henares, porque causaron muchos destrozos. Tambi\u00e9n hubo brigadistas que se casaron con espa\u00f1olas, ojo. Los brigadistas cobraban 12 pesetas diarias, mucho, de modo que hubo casos de intereses econ\u00f3micos\u00bb.El hilo del dinero y el amor es interesante. \u00abLos soldados del Ej\u00e9rcito Popular Republicano cobraban 10 pesetas diarias, adem\u00e1s de comida y bebida. El servicio de una prostituta costaba cinco. Los rebeldes cobraban 50 c\u00e9ntimos. Luego les pusieron un plus de 1,10 pesetas por d\u00eda de trinchera. Los legionarios cobraban tres pesetas al d\u00eda y fueron los m\u00e1s liberales en sexo entre todos los sublevados. La diferencia en los sueldos se notaba mucho en la conducta sexual de los dos bandos, aunque, a la larga, la inflaci\u00f3n en el campo gubernamental igual\u00f3 mucho las cosas\u00bb, cuenta Ballano. \u00abEn los dos bandos, los ej\u00e9rcitos ten\u00edan sus unidades de prostitutas acompa\u00f1antes. Incluso entre las milicianas se infiltraron mujeres que eran prostitutas. Durruti quiso expulsarlas pero siempre volv\u00edan. Todo lo que logr\u00f3 fue eliminar el proxenetismo y controlar las enfermedades ven\u00e9reas con un r\u00e9gimen disciplinario muy duro. La s\u00edfilis causaba m\u00e1s bajas que el enemigo\u00bb.Amor y sexo en la Guerra Civil est\u00e1 lleno de apodos y de nombres propios que fascinan a los lectores de 2025: La Turca y La Amparo fueron dos famosas proxenetas en el bando rebelde. La Turca, en realidad, era griega y se especializ\u00f3 en atender a los militares italianos. La Amparo era portuguesa, se intal\u00f3 en Le\u00f3n y trabaj\u00f3 con alemanes. Marlene Grey fue una domadora de leones francesa que actuaba desnuda o casi y que caus\u00f3 estupefacci\u00f3n en el Madrid sitiado. Un d\u00eda, los leones estuvieron a punto de com\u00e9rsela. Ten\u00edan hambre. Teresa Daniel fue una miss Espa\u00f1a que trabaj\u00f3 como enfermera en el Hospital Cl\u00ednico de Barcelona. Al parecer, los heridos prefer\u00edan a otra enfermera llamada Rosita, menos guapa pero m\u00e1s expresiva. Pablo Sarroca fue un antiguo capell\u00e1n militar que acab\u00f3 de agente del SIM republicano y que se hizo con un chalet del barrio de Ventas, donde vivi\u00f3 escandalosamente, amancebado con dos mujeres llamadas Gregoria Rubio y Julia Redondo. 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Y ella le contest\u00f3: \"\u00bfSabes que la otra noche al desnudarme me vi el lunar y me acord\u00e9 de ti? Un saludo muy afectuoso\". En las siguientes cartas, el lunar recibi\u00f3 el apodo de Periquillo.De la marquesa de Valpara\u00edso, Enriqueta Mariategui, sabemos que ten\u00eda 37 a\u00f1os en julio de 1937, que viv\u00eda en Madrid y que fue investigada y detenida, acusada de espionaje porque frecuentaba bares donde se relacionaba con militares. Su marido, capit\u00e1n de artiller\u00eda, hab\u00eda muerto fusilado en Paracuellos. La marquesa se defendi\u00f3: si sal\u00eda era para olvidar sus penas. Dos informes m\u00e9dicos, redactados quiz\u00e1 por amigos, consideraron que Mariategui viv\u00eda \"notoriamente atra\u00edda por el sexo opuesto\" y que ten\u00eda \"una personalidad hist\u00e9rica y una predisposici\u00f3n er\u00f3tica subyacente\". La consideraron enferma mental con \"conducta extravagante, no responsable de sus actos\". Fue liberada.Son historias as\u00ed las que construyen Amor y sexo en la Guerra Civil, el libro de Fernando Ballano (editado por Arzalia) que estudia por primera vez como tema independiente la conducta sexual y rom\u00e1ntica de los espa\u00f1oles y de sus hu\u00e9spedes en el periodo 1936-1939: los soldados y sus novias del pueblo, los combatientes marroqu\u00eds, alemanes e italianos, las prostitutas, los comisarios sovi\u00e9ticos, los brigadistas ingleses, franceses y estadounidenses, los periodistas, las enfermeras, las prostitutas...\u00abArturo Barea lo escribi\u00f3: cuando se espera la muerte, la vida se convierte en simple y clara. Se trastoca todo, las personas quieren disfrutar porque no saben si estar\u00e1n vivas al d\u00eda siguiente. La particularidad de Espa\u00f1a es que esta fue una guerra civil, no una guerra entre naciones. Y que en los dos lados hubo muchos visitantes extranjeros que cambiaron la conducta amorosa y que dejaron muchas memorias\u00bb, explica Ballano a EL MUNDO.Algunos datos que hay que tener en cuenta sobre la Guerra Civil Espa\u00f1ola: uno, fue una guerra muy lenta. Algunos frentes estuvieron detenidos durante meses. Los soldados se aburrieron a menudo y, por tanto, tuvieron tiempo de enamorarse y de buscar amantes y prostitutas en la retaguardia. Dos, fue una guerra entre compatriotas, de modo que no abundan los relatos de terror sexual propios de las guerras coloniales, ni las fotos de humillaciones contra las mujeres como las de la liberaci\u00f3n de Francia ni las historias de violaciones en cadena que dej\u00f3 el Ej\u00e9rcito Rojo en Alemania. \u00abPero eso no significa que no hubiera violaciones. Yo no infravalorar\u00eda esos casos. No son el tema de este libro, que es el placer y el amor, pero existieron\u00bb, cuenta Ballano. Y tres, Espa\u00f1a no hab\u00eda cambiado tanto su moral sexual durante los a\u00f1os de la II Rep\u00fablica. Ni siquiera la Espa\u00f1a de la CNT. S\u00f3lo la llegada de los extranjeros fue un acelerador en el cambio. \u00abLos marroqu\u00edes vinieron medio enga\u00f1ados. Sus mandos intentaron que no tuvieran contacto con los espa\u00f1oles pero lo tuvieron y hubo muchos matrimonios. Hay algo curioso: no les gustaban las prostitutas espa\u00f1olas, as\u00ed que les tra\u00edan a sus cheijas desde el Protectorado. Las tra\u00edan junto al kif y el hach\u00eds\u00bb, cuenta Ballano. Los italianos tuvieron mucho \u00e9xito con las espa\u00f1olas, con o sin pago. Se dec\u00eda que iban perfumados a la guerra y hubo muchas bromas con las plumas de los cascos de los bersaglieri [su infanter\u00eda de \u00e9lite]. Los aviadores alemanes no se relacionaron nada con las espa\u00f1olas. Ten\u00edan sus prost\u00edbulos que dejaban asombrados a los nativos porque un oficial se apostaba a la entrada y vigilaba que sus pilotos estuvieran 20 minutos exactos. \u00abY los brigadistas hicieron mucho uso de la prostituci\u00f3n. Cuando estaban en la retaguardia arrasaban con todo. Es c\u00e9lebre su paso por Alcal\u00e1 de Henares, porque causaron muchos destrozos. Tambi\u00e9n hubo brigadistas que se casaron con espa\u00f1olas, ojo. Los brigadistas cobraban 12 pesetas diarias, mucho, de modo que hubo casos de intereses econ\u00f3micos\u00bb.El hilo del dinero y el amor es interesante. \u00abLos soldados del Ej\u00e9rcito Popular Republicano cobraban 10 pesetas diarias, adem\u00e1s de comida y bebida. El servicio de una prostituta costaba cinco. Los rebeldes cobraban 50 c\u00e9ntimos. Luego les pusieron un plus de 1,10 pesetas por d\u00eda de trinchera. Los legionarios cobraban tres pesetas al d\u00eda y fueron los m\u00e1s liberales en sexo entre todos los sublevados. La diferencia en los sueldos se notaba mucho en la conducta sexual de los dos bandos, aunque, a la larga, la inflaci\u00f3n en el campo gubernamental igual\u00f3 mucho las cosas\u00bb, cuenta Ballano. \u00abEn los dos bandos, los ej\u00e9rcitos ten\u00edan sus unidades de prostitutas acompa\u00f1antes. Incluso entre las milicianas se infiltraron mujeres que eran prostitutas. Durruti quiso expulsarlas pero siempre volv\u00edan. Todo lo que logr\u00f3 fue eliminar el proxenetismo y controlar las enfermedades ven\u00e9reas con un r\u00e9gimen disciplinario muy duro. La s\u00edfilis causaba m\u00e1s bajas que el enemigo\u00bb.Amor y sexo en la Guerra Civil est\u00e1 lleno de apodos y de nombres propios que fascinan a los lectores de 2025: La Turca y La Amparo fueron dos famosas proxenetas en el bando rebelde. La Turca, en realidad, era griega y se especializ\u00f3 en atender a los militares italianos. La Amparo era portuguesa, se intal\u00f3 en Le\u00f3n y trabaj\u00f3 con alemanes. Marlene Grey fue una domadora de leones francesa que actuaba desnuda o casi y que caus\u00f3 estupefacci\u00f3n en el Madrid sitiado. Un d\u00eda, los leones estuvieron a punto de com\u00e9rsela. Ten\u00edan hambre. Teresa Daniel fue una miss Espa\u00f1a que trabaj\u00f3 como enfermera en el Hospital Cl\u00ednico de Barcelona. Al parecer, los heridos prefer\u00edan a otra enfermera llamada Rosita, menos guapa pero m\u00e1s expresiva. Pablo Sarroca fue un antiguo capell\u00e1n militar que acab\u00f3 de agente del SIM republicano y que se hizo con un chalet del barrio de Ventas, donde vivi\u00f3 escandalosamente, amancebado con dos mujeres llamadas Gregoria Rubio y Julia Redondo. Thomas Cuthbert Worsley y Stephen Spender fueron dos escritores ingleses que llegaron a Espa\u00f1a para buscar a un amante que hab\u00edan compartido, un prostituto comunista llamado Tony Hyndman que se alist\u00f3 a las Brigadas Internacionales, que tuvo un ataque de p\u00e1nico al entrar en combate en la batalla del Jarama y que fue encarcelado como desertor.Un \u00faltimo apunte: la homosexualidad aparece en Amor y sexo en la Guerra Civil narrada, sobre todo, a trav\u00e9s de las historias de milicianos ingleses y de Gustavo Dur\u00e1n, un oficial republicano que pudo ser amante de Federico Garc\u00eda Lorca y del pintor N\u00e9stor Mart\u00edn de la Torre, y que era tan guapo y rubio que fue apodado porcelana. Fue rechazado por el PCE pese a demostrar que fue un soldado valiente y un hombre riguroso. 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La marquesa se defendi\u00f3: si sal\u00eda era para olvidar sus penas. Dos informes m\u00e9dicos, redactados quiz\u00e1 por amigos, consideraron que Mariategui viv\u00eda \"notoriamente atra\u00edda por el sexo opuesto\" y que ten\u00eda \"una personalidad hist\u00e9rica y una predisposici\u00f3n er\u00f3tica subyacente\". La consideraron enferma mental con \"conducta extravagante, no responsable de sus actos\". Fue liberada.Son historias as\u00ed las que construyen Amor y sexo en la Guerra Civil, el libro de Fernando Ballano (editado por Arzalia) que estudia por primera vez como tema independiente la conducta sexual y rom\u00e1ntica de los espa\u00f1oles y de sus hu\u00e9spedes en el periodo 1936-1939: los soldados y sus novias del pueblo, los combatientes marroqu\u00eds, alemanes e italianos, las prostitutas, los comisarios sovi\u00e9ticos, los brigadistas ingleses, franceses y estadounidenses, los periodistas, las enfermeras, las prostitutas...\u00abArturo Barea lo escribi\u00f3: cuando se espera la muerte, la vida se convierte en simple y clara. Se trastoca todo, las personas quieren disfrutar porque no saben si estar\u00e1n vivas al d\u00eda siguiente. La particularidad de Espa\u00f1a es que esta fue una guerra civil, no una guerra entre naciones. Y que en los dos lados hubo muchos visitantes extranjeros que cambiaron la conducta amorosa y que dejaron muchas memorias\u00bb, explica Ballano a EL MUNDO.Algunos datos que hay que tener en cuenta sobre la Guerra Civil Espa\u00f1ola: uno, fue una guerra muy lenta. Algunos frentes estuvieron detenidos durante meses. Los soldados se aburrieron a menudo y, por tanto, tuvieron tiempo de enamorarse y de buscar amantes y prostitutas en la retaguardia. Dos, fue una guerra entre compatriotas, de modo que no abundan los relatos de terror sexual propios de las guerras coloniales, ni las fotos de humillaciones contra las mujeres como las de la liberaci\u00f3n de Francia ni las historias de violaciones en cadena que dej\u00f3 el Ej\u00e9rcito Rojo en Alemania. \u00abPero eso no significa que no hubiera violaciones. Yo no infravalorar\u00eda esos casos. No son el tema de este libro, que es el placer y el amor, pero existieron\u00bb, cuenta Ballano. 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Ten\u00edan sus prost\u00edbulos que dejaban asombrados a los nativos porque un oficial se apostaba a la entrada y vigilaba que sus pilotos estuvieran 20 minutos exactos. \u00abY los brigadistas hicieron mucho uso de la prostituci\u00f3n. Cuando estaban en la retaguardia arrasaban con todo. Es c\u00e9lebre su paso por Alcal\u00e1 de Henares, porque causaron muchos destrozos. Tambi\u00e9n hubo brigadistas que se casaron con espa\u00f1olas, ojo. Los brigadistas cobraban 12 pesetas diarias, mucho, de modo que hubo casos de intereses econ\u00f3micos\u00bb.El hilo del dinero y el amor es interesante. \u00abLos soldados del Ej\u00e9rcito Popular Republicano cobraban 10 pesetas diarias, adem\u00e1s de comida y bebida. El servicio de una prostituta costaba cinco. Los rebeldes cobraban 50 c\u00e9ntimos. Luego les pusieron un plus de 1,10 pesetas por d\u00eda de trinchera. Los legionarios cobraban tres pesetas al d\u00eda y fueron los m\u00e1s liberales en sexo entre todos los sublevados. La diferencia en los sueldos se notaba mucho en la conducta sexual de los dos bandos, aunque, a la larga, la inflaci\u00f3n en el campo gubernamental igual\u00f3 mucho las cosas\u00bb, cuenta Ballano. \u00abEn los dos bandos, los ej\u00e9rcitos ten\u00edan sus unidades de prostitutas acompa\u00f1antes. Incluso entre las milicianas se infiltraron mujeres que eran prostitutas. Durruti quiso expulsarlas pero siempre volv\u00edan. Todo lo que logr\u00f3 fue eliminar el proxenetismo y controlar las enfermedades ven\u00e9reas con un r\u00e9gimen disciplinario muy duro. La s\u00edfilis causaba m\u00e1s bajas que el enemigo\u00bb.Amor y sexo en la Guerra Civil est\u00e1 lleno de apodos y de nombres propios que fascinan a los lectores de 2025: La Turca y La Amparo fueron dos famosas proxenetas en el bando rebelde. La Turca, en realidad, era griega y se especializ\u00f3 en atender a los militares italianos. La Amparo era portuguesa, se intal\u00f3 en Le\u00f3n y trabaj\u00f3 con alemanes. Marlene Grey fue una domadora de leones francesa que actuaba desnuda o casi y que caus\u00f3 estupefacci\u00f3n en el Madrid sitiado. Un d\u00eda, los leones estuvieron a punto de com\u00e9rsela. Ten\u00edan hambre. Teresa Daniel fue una miss Espa\u00f1a que trabaj\u00f3 como enfermera en el Hospital Cl\u00ednico de Barcelona. Al parecer, los heridos prefer\u00edan a otra enfermera llamada Rosita, menos guapa pero m\u00e1s expresiva. Pablo Sarroca fue un antiguo capell\u00e1n militar que acab\u00f3 de agente del SIM republicano y que se hizo con un chalet del barrio de Ventas, donde vivi\u00f3 escandalosamente, amancebado con dos mujeres llamadas Gregoria Rubio y Julia Redondo. Thomas Cuthbert Worsley y Stephen Spender fueron dos escritores ingleses que llegaron a Espa\u00f1a para buscar a un amante que hab\u00edan compartido, un prostituto comunista llamado Tony Hyndman que se alist\u00f3 a las Brigadas Internacionales, que tuvo un ataque de p\u00e1nico al entrar en combate en la batalla del Jarama y que fue encarcelado como desertor.Un \u00faltimo apunte: la homosexualidad aparece en Amor y sexo en la Guerra Civil narrada, sobre todo, a trav\u00e9s de las historias de milicianos ingleses y de Gustavo Dur\u00e1n, un oficial republicano que pudo ser amante de Federico Garc\u00eda Lorca y del pintor N\u00e9stor Mart\u00edn de la Torre, y que era tan guapo y rubio que fue apodado porcelana. Fue rechazado por el PCE pese a demostrar que fue un soldado valiente y un hombre riguroso. 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