A falta de un El ala oeste de la Casa Blanca -y en realidad ya de toda la este- donde inmortalizarlo, quedará en forma de momentos para la posteridad y anécdotas de analistas políticos. Este fin de semana, la Casa Blanca acogió una de esas importantes reuniones para el futuro de una Venezuela tutelada por un EEUU que intervino militarmente y secuestró a su anterior mandatario, Nicolás Maduro. No, María Corina Machado todavía no ha pisado el Despacho Oval, pero Trump ya se ha reunido con los directivos de los gigantes petroleros tanto estadounidenses como mundiales.
En dicho encuentro trascendió un momento digno de la serie cómica televisiva The Office. Imagínenselo. En medio de las importantes conversaciones sobre la necesidad de que las propias petroleras realicen una inversión de «al menos 100.000 millones de dólares de su propio capital, no del dinero del gobierno» en la infraestructura petrolera venezolana. Debatiendo sobre la viabilidad del régimen chavista con el que ahora negocia la Administración Trump. En ese marco, Trump se levantó de la mesa para echar un vistazo por la ventana y contemplar las obras del futuro Salón de Baile Trump.
Pero más allá de la instantánea que dejó esta suerte de pausa -¿publicitaria?-, hubo otra cuestión que pasó más inadvertida en aquella reunión. El choque entre uno de los CEO de las petroleras con los planes de Trump. O, en otras palabras, con el propio Trump. Se trató del directivo de Exxon, Darren Woods, cuyas valoraciones han provocado que el presidente de EEUU asegure que quiere dejarles fuera del pastel del crudo venezolano.
¿Por qué Trump se ha enfadado con el CEO de la petrolera Exxon?
Para entender el malestar de Trump con el CEO de Exxon es necesario revisar los comentarios que Woods hizo durante y tras la reunión en la Casa Blanca. Principalmente, hizo valer las dudas en su compañía por la serie de expropiaciones que vivieron por parte del chavismo: «Nos han confiscado nuestros activos allí dos veces, por lo que, como puede imaginar, volver a ingresar una tercera vez requeriría algunos cambios bastante significativos respecto de lo que hemos visto históricamente aquí».
A juicio del directivo, «si analizamos los marcos y estructuras jurídicas y comerciales vigentes hoy en Venezuela, es un país invertible«. Pero Trump ha dejado claro que tras su intervención en Caracas, el escenario ha cambiado y las petroleras ya no tienen que negociar con el propio Gobierno venezolano sino con el estadounidense. Eso sí, aunque apuntan a que las petroleras que vivieron expropiaciones en el pasado recuperarán parte de lo perdido y lo que reclaman en tribunales y cortes de arbitraje, la idea es empezar de cero: «No vamos a analizar lo que la gente perdió en el pasado porque fue culpa suya».
En una de sus salidas al cuarto de prensa del Air Force One, Trump ha indicado a los periodistas a bordo del avión presidencial que «no me gustó la respuesta de Exxon. Tenemos a muchos que quieren. Probablemente me inclinaría por dejar a Exxon fuera. No me gustó su respuesta. Se están haciendo los listos».
