«Aragón es el Ohio de España». Es la frase repetida por muchos analistas políticos en el mes previo a las elecciones autonómicas del 8 de febrero. ¿Cuánta verdad hay en esa letanía? Toda, según los precedentes. La región que hoy acude a las urnas es un oráculo tan fiable que si las urnas confirman el hundimiento del PSOE augurado por las encuestas, sería un anticipo más que probable del porvenir de Pedro Sánchez en 2027. Si Ohio vaticinó la victoria de todos los presidentes estadounidenses durante 60 años consecutivos -hasta que su fidelidad a Donald Trump le hizo perder la racha en los comicios de 2020-, Aragón ha hablado por España antes de las 15 elecciones generales desde la Transición. Infalible.
Los aragoneses siempre han votado por el partido que terminaba ganando en Madrid, aunque no siempre haya propiciado el acceso a La Moncloa. Pero eso ya es resultado de alianzas políticas, no de la matemática en la que Aragón mantiene su plena fiabilidad. Más allá de ganadores y perdedores, también sobre el resto. Por eso, este domingo no sólo importan quien vence, también el vigor de Vox o la situación del abanico de las izquierdas. Como espejo del futuro nacional de la tercera fuerza y del resto, Aragón también ha sido premonitoria.
Veamos a el precedente más cercano. El PP, de la mano de Jorge Azcón, recuperó en 2023 el control del Gobierno de Aragón con un 35,5% de los votos, tras ocho años de mandato socialista. Un resultado similar al que los populares obtuvieron apenas dos meses después en las generales, cuando Alberto Núñez Feijóo, con un 33,1% y 137 escaños, se quedó a las puertas de arrebatarle la presidencia a Pedro Sánchez. ¿Por qué? Porque Vox, como probaba el 11,25% que logró en Aragón, no era la fortaleza que hoy parece y quedaba al alcance de las izquierdas, que se habían presentado en tres candidaturas, pero sumaban más que la derecha radical. Unidas luego en las generales permitieron a Sánchez resistir.
El actual jefe del Ejecutivo experimentó algo similar en 2016. Falló la política, no la matemática aragonesa, de pronóstico seguro. En mayo de 2015, Javier Lambán había marcado el peor resultado de la historia del PSOE en Aragón con 18 diputados, pero la suma con Podemos, que irrumpió con 14, Chunta Aragonesista e Izquierda Unida le dio la llave del poder. La ley electoral de Aragón, donde se puede obtener representación a partir del 3%, permitió esa amalgama victoriosa para la izquierda. En las generales de junio de 2015, se repitieron las conclusiones de Aragón: Sánchez descubrió un suelo para los socialistas (90 diputados), salvando por poco el sorpasso de Pablo Iglesias (69, pero a sólo 1,3 puntos). Sin embargo, las tres izquierdas en Aragón no se unieron a nivel nacional (Podemos se mantuvo por un lado y IU-Chunta por otro). No rentabilizaron sus votos para un pacto como el de Lambán.
En la reedición de 2016, Podemos e IU ya se aliaron, pero la erosión del PSOE y el estancamiento de Ciudadanos, tras el pacto fallido de ambos, fortaleció al PP de Mariano Rajoy, investido por Ciudadanos. Abatido, Sánchez emprendió su ruta en el Peugeot. Y el resto es parte de una historia que este domingo podría anticipar su final.
Aragón retratará hoy la profundidad de la quiebra del PSOE, con una candidata que era portavoz de Sánchez y unos resultados que, si se confirman las expectativas, hablan de una derecha de amplia mayoría absoluta en 2027.
Pilar Alegría encarnaría el fracaso y desde Ferraz intentarán desligar la catástrofe aragonesa de la tendencia nacional. Aunque ya han empezado a asumir, como informaba ayer este periódico, que lo que ocurra hoy es «un voto de castigo a Sánchez», intentarán contener los daños para Moncloa. Pero eso no desmentirá las enseñanzas que hoy dejen las urnas.
La anatomía de las Cortes de Aragón será la muestra del futuro. El bipartidismo dominará, de la misma forma que lo hace en el Congreso de los Diputados, pero importan los registros de los grandes y los datos de los socios posibles. Si el PP alcanza ese 37,8% que anunciaba la última encuesta, para 27-30 escaños (defiende 28 de 2023), y el PSOE se queda en el 24,6%, con 17-19 escaños (4-6 menos), la brecha se antoja crucial. No es sólo que Azcón avanzase la victoria de Feijóo, sino que anunciaría una diferencia mayor con Sánchez. En Aragón, en 2023, la distancia entre PP y PSOE fue seis puntos, ahora puede ser más del doble (13)
Además, Aragón se dispone a encumbrar a Vox a un dato histórico, con opciones de doblar su representación en Zaragoza, de los 7 escaños de 2023 a los 12-14 que apuntaron los últimos estudios. Pero, sobre todo, el salto hasta el 17,1% (5,9 puntos más) le coloca en una posición tan firme que neutralizaría en un futuro el impacto de una coalición de izquierdas a la izquierda del PSOE. En Aragón, donde se presentan por separado, Chunta, IU-Sumar y Podemos podrían hoy sumar hasta un 13,5%, según los sondeos, demasiado lejos de plantar cara a Vox, con el añadido de que parece imposible que Podemos y Sumar vuelvan a reunirse nunca, mientras Irene Montero y Yolanda Díaz traten de liderar en cada frente.
El 28 de mayo de 2023, PP-Vox sumaron en Aragón un 46,7% del voto. Dos meses después, en las elecciones generales adelantadas por Sánchez, las dos formaciones de la derecha casi calcaron la suma, con el 45,4%. Con 170 escaños (137+33), se quedaron a seis de una mayoría absoluta que parece imparable si hoy en Aragón confirman el 54,9% conjunto que les otorga la última encuesta de SigmaDos para EL MUNDO, publicada el pasado lunes.
«Aragón es una especie de España en pequeñito: combina un gran núcleo urbano con grandes zonas rurales, su sistema de partidos está ideológicamente centrado, y hasta reproduce el peso que las fuerzas políticas periféricas tienen a escala nacional: en las Cortes de Aragón están representadas dos fuerzas de ámbito regional que siempre han jugado un papel importante en la conformación de gobiernos autonómicos», explicaba José Fernández-Albertos, uno de los autores del libro Aragón es nuestro Ohio: así votan los españoles, en un artículo de opinión publicado por este periódico en 2015. Efectivamente, la configuración electoral, con hasta 8 partidos representados, regionalistas-nacionalistas de izquierda y derecha y todas las formaciones nacionales representadas, hace de Aragón una España a pequeñas escala. Y los candidatos lo saben.
Por eso, en sus últimos mensajes, el PP apelaba al voto útil en la derecha como el símbolo del final de Pedro Sánchez. En el lado socialista, han intentado marcar distancias. Pero Alegría, ni en su apuesta por una campaña muy suya, ha podido desligar su imagen del Gobierno del que fue portavoz. «Se la ve como la candidata de Sánchez», lamentaban, en el PSOE, este viernes, a 72 horas de unas elecciones cuya sacudida alcanzará hasta el Palacio de la Moncloa.
