Puede que España haya retirado a Portugal pero no quiero creer que haya retirado a Cristiano Ronaldo. El portugués se despide de los mundiales, o eso dice, pero quizá el que menos lo sepa es Cristiano.
Resulta complicado convencerse de que ha llegado la hora de retirarse, y menos para un futbolista al que dentro de cuatro años le organizan un Mundial en el jardín de su casa. Portugal será una de las sedes de 2030 y Cristiano llegará con 45 añitos recién cumplidos. Dicho así, parece una locura. Tratándose de él, parece una planificación.
A cualquier futbolista de cuarenta años se le pregunta cuándo piensa dejarlo. A Cristiano nos gustaría preguntarle si llegará fresco al 2030. Hasta ahora el tiempo, para el portugués, solo parecía un rival más al que podía doblegar con gimnasio y baños hielo en las pausas de hidratación.
Cristiano cambió de clubes, de países, de posiciones, de cuerpo, e incluso aprendió a jugar al fútbol cuando ya no podía jugar. Si sobrevivió a Ferguson, a Mourinho, a Guardiola, a Messi, a Xavi, a Iniesta, a Modric, a Benzema y a Mbappé, por qué no iba a sobrevivir a su última versión.
La imagen más llamativa de su partido ante España no fue su falta de regate, ni de gol, sino el momento en que descubrimos que el partido no giraba alrededor de Cristiano. Y que los jóvenes no podían enfrentarse a él porque el portugués estaba demasiado ocupado enfrentándose a sí mismo.
Los héroes y los hijos nunca envejecen. Mentira. Lo que ocurre es que envejecen tan despacio que tardamos años en darnos cuenta. Con Cristiano no desaparece un jugador, desaparece una época. Y nosotros con ella. Porque mientras esperábamos el siguiente Mundial, el siguiente verano o el siguiente domingo para volver a quedar, estábamos despidiendo una versión irrepetible de nosotros mismos. Con Cristiano aprendimos que el tiempo no te derrota de golpe. Te va ganando poco a poco, casi sin querer. Por eso el truco de vivir consiste en mirar un reloj que nunca te va a marcar el final del partido.