Cultura

El Titanic de los pobres condenó al olvido a 500 españoles camino de Cuba

El Titanic de los pobres condenó al olvido a 500 españoles camino de Cuba

El 3 de agosto de 1919, el Valbanera abandonó el puerto de Cádiz rumbo a América. Tras hacer escala en Canarias, el buque cruzó el Atlántico, tocó tierra en San Juan de Puerto Rico y pasó por Santiago de Cuba. El 5 de septiembre, el llamado Titanic de los pobres zarpó hacia su siguiente destino: La Habana. Jamás llegó.

Mientras el Titanic fue sinónimo de privilegio para aristócratas, empresarios y turistas acaudalados, el Valbanera representaba la necesidad de un pueblo. A bordo viajaban españoles que huían de una realidad asfixiante: una nación golpeada por la escasez de la posguerra mundial, el estallido de huelgas urbanas y una sangrienta Guerra de África que reclutaba a los más jóvenes.

El barco desapareció el 10 de septiembre de 1919 cerca de Key West (Florida) al quedar atrapado en un devastador ciclón tropical. El naufragio se llevó consigo a casi 500 pasajeros. El mar, al no devolver ni un solo cuerpo, condenó sus nombres al olvido, en una de las mayores catástrofes marítimas del siglo XX.

Han pasado 100 años desde la tragedia. El Valbanera descansa en el Banco de la Medialuna, a 12 metros de profundidad y a solo 200 kilómetros de la tierra prometida. Bajo las aguas permanecen sin resolver dos grandes enigmas: ¿por qué nadie utilizó los botes salvavidas? Y, ¿cómo pudo el océano borrar todo rastro de sus víctimas?

Seis décadas después de aquel suceso, Mirta Ojito vivió su propio éxodo. La escritora se unió a los 125.000 cubanos que escaparon de la isla en 1980, cuando el presidente Fidel Castro anunció la apertura del puerto Mariel. «Yo sé lo que significa estar sola en el mar. Justo antes de salir de Cuba, nuestro barco se rompió y mi tío tuvo que buscar otro; encontró uno que se llamaba Mañana. En ese momento no sabíamos si el barco se hundiría», relata por videollamada desde Coral Gables (Florida), donde es directora ejecutiva en NBC/Telemundo.

Según datos del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, la cifra de migrantes internacionales en el mundo alcanzó los 304 millones en 2024. En ese sentido, la labor de Ojito está ligada a su propia experiencia: «He dedicado gran parte de mi vida periodística a cubrir la migración. Es un fenómeno más viejo que la propia palabra; para el ser humano, buscar mejorar sus circunstancias es natural. Ya estábamos en movimiento antes de poder hablar. Lo raro, en realidad, es quedarse en el lugar donde naciste. Eso es un privilegio», afirma.

Dos hechos aparentemente aislados convergen en una misma historia: los pasajeros del Valbanera y Ojito comparten el anhelo de construir una vida mejor al otro lado del océano. «Yo salí de la isla con mis padres y mi hermana. La travesía de 16 horas fue angustiante. Las olas rompían contra el casco mientras mi hermana y yo nos aferrábamos a mi madre. Me enfrentaba a la noche más oscura», rememora. Es en ese territorio donde nace La memoria de las olas (Espasa), su primera novela.

En sus páginas, la periodista fusiona realidad y ficción para tender un puente entre ambas orillas del Atlántico. «A pesar de la distancia, del salto generacional, de las heridas y los traumas, existen lazos muy fuertes entre España y Cuba, y este libro es una manera de reafirmarlos», asegura.

La obra acompaña a la periodista cubana, Mara Denis, a través de un relato que entrelaza el pasado y el presente. La protagonista viaja a La Palma para cumplir con su labor como corresponsal. En el camino, descubre que el nombre de su bisabuela, Catalina, figura entre las víctimas del buque Valbanera: un hallazgo que la obliga a cuestionar los recuerdos y silencios de su linaje, e incluso la esencia de su propia identidad.

«Como Mara, yo le tengo mucho miedo al mar», confiesa la autora, quien reconoce que, aunque no se trata de un libro autobiográfico, incorporó sus vivencias y cicatrices en la construcción del personaje: «Nada es verdad y todo es verdad cuando lees un libro de este tipo. Esta historia también es la mía. Es mi voz».

La memoria de las olas es, formalmente, una novela de ficción. Sin embargo, resulta peligroso afirmar que Catalina y Mara no existen, pues ambas representan los anhelos que se pierden en el mar y aquellos que, contra todo pronóstico, llegan a puerto. En una narración que rescata del olvido los fragmentos del pasado, los vestigios del Valbanera emergen como la huella de un sueño que se niega a desaparecer.

Lejos de limitarse a la crónica de una tragedia marítima, la escritora transforma la historia del Valbanera en un retrato íntimo de las mujeres que habitaron entre las islas Canarias y Cuba: una comunidad rodeada por un mar de ausencias y marcada por la perdida. Con una prosa delicada, la ganadora del Pulitzer en 2001 por la serie How Race Is Lived in America convierte una tragedia colectiva en un homenaje a su abuela materna, Catalina Quintana, una presencia constante en sus días: «No la conocí, murió cuando mi madre tenía 16 años, pero era muy importante para ella y, por lo tanto, también para mí».

La semilla de la historia apareció en 2015; la última frase se escribió ocho años más tarde. Más que un idilio romántico tradicional, la obra presenta una amistad genuina que evoluciona hacia un amor condicionado por las diferencias de clase, al tiempo que traza una radiografía crítica de la vida cotidiana. A través de la palabra, la autora dibuja la postal de una época donde las mujeres sostenían el peso del hogar: asumían las labores de cuidado, relegaban sus deseos y aprendían oficios para contribuir a la economía familiar. «Es una historia que podría ocurrir en cualquier rincón del mundo. Mi mamá siempre decía que estaba viva de milagro por el trabajo y las dificultades que arrastró desde su niñez en Cuba», afirma.

«En sus últimos años, mi madre compartió conmigo las historias que terminaron por enriquecer el libro. Fue su último regalo», dice Ojito, quien al rescatar el legado de sus ancestras construye una historia que dialoga con la actualidad: «Hay quienes se van de su país y no regresan por razones políticas, como fue mi caso. Siempre hay un régimen que propicia las condiciones para el exilio. Eso no ha cambiado: es una historia latente que se repetirá mientras existan diferencias».

La escritura de Mirta Ojito evoca por momentos el universo de Juan Rulfo. Como en El llano en llamas, la autora demuestra que la fuerza de una historia no depende de la magnitud de los acontecimientos. Más que documentar el naufragio del Valbanera, explora cómo el desastre irrumpe en la rutina para reescribir el destino de sus personajes.

Ganadora de un premio Emmy en 2017 por su participación en el documental Cosecha de miseria, su obra se inscribe en una poderosa tradición literaria donde la realidad nutre la ficción. La memoria de las olas es su apuesta más ambiciosa: una saga familiar de aliento histórico que recuerda a La casa de los espíritus y Retrato en sepia de Isabel Allende.

Mirta Ojito ofrece una mirada profunda y empática sobre un hecho que navegaba en el olvido: «Soy una emigrante y puedo decirte que salir nunca es fácil. Yo conozco a muchas mujeres como Catalina, que se levantan todos los días para trabajar juntas. Este es mi mundo: sacrificio, trabajo y búsqueda de oportunidades. Es lo que viví con mis padres y son las historias que me interesa contar. Porque no todo el mundo puede pagarse un boleto de avión, reunir el dinero para un coyote o subirse a un barco para salir de su país».


Puede que te hayas perdido