Luis Miñarro: «Marisa Paredes se fue muy cabreada con el mundo y con el empeño del alcalde de Madrid de talar árboles»

Hay sincronías, dice Luis Miñarro (Barcelona, 1949), que dan miedo. Por sincronías entiende esas raras casualidades que anuncian abismos, que se asoman a los precipicios no tanto para ver lo que hay del otro lado como para tentar al mismo vértigo, para sentir la profundidad de lo profundo. «Dos días después de enseñarle la película, ella murió», dice lacónico el director. Se refiere, por orden, a Emergency Exit, ella es la película, y a Marisa Paredes, ella es el abismo, además de la actriz protagonista. Se refiere a la sincronía y al mismo miedo. «Conocía a Marisa desde hace mucho. De verla en los festivales, de coincidir aquí y allá. Cuando empecé a pensar en la película, tuve claro que solo podía ser ella la protagonista. Al fin y al cabo, solo ella representa en España la imagen perfecta no solo de una actriz de cine sino del mismo cine… Le enseñé el primer corte de la película y dos días después me llegó la noticia de su muerte», dice y repite: «Hay sincronías que dan miedo».

En un momento de la película -el cuarto largometraje de ficción de un director que antes y, sobre todo, es productor- Marisa Paredes abre su particular álbum de fotos y repasa las heridas de una vida de cine. «Las elegimos con mucho cuidado. La idea era que ella recuperara y visitara de nuevo su propia vida y que, a través de ella, el espectador alcanzara a entender el sentido mismo de cómo el cine ordena la existencia. Algo que en España solo está al alcance de Marisa. Las fotografías que aparecen son de Chema Prado, su compañero de toda la vida, y sobre ellas habla de Raúl Ruiz, Arturo Ripstein, Manoel de Oliveira, Pedro Almodóvar… Nadie ha trabajado con clásicos del cine contemporáneo como ella», dice Miñarro justo antes o justo después de recordar el momento exacto en el que le ofreció el proyecto. «Ella tenía problemas con una obra de teatro que tenía que hacer en Barcelona y nos veíamos mucho por ese motivo. Hablamos de todo, repasamos todo, pero lo más notorio era el enfado. Marisa se fue muy cabreada con el mundo, muy cabreada con lo que estaba pasando en Gaza, muy cabreada con ese empeño del alcalde de Madrid de talar los árboles de su querida plaza Santa Ana, muy cabreada, en general, con la realidad, con esta realidad», añade.

Emergency Exit es así, y de manera irrevocable, la última película de Marisa Paredes, pero también es más cosas. Muchas más. Es una película sobre la capacidad exclusiva del cine de fijar fantasmas, es una película sobre la distancia que separa la realidad del sueño, es una película sobre el deseo mismo. Los personajes, encerrados en un autobús como quedaban los de Buñuel sin poder salir de la habitación en El ángel exterminador, hablan del amor, de la muerte y hablan de la posibilidad lejana de transformar sus vidas en, ya se ha dicho, puro deseo; puro deseo a través del cine, del cine que les alimenta y les da sentido. Ahí, dos estrellas ancladas en el pasado como Arielle Dombasle y Myriam Mézières, figuras claves en las obras de Rohmer y Tanner, desmadejan las historias de las películas que vivieron y les hicieron vivir. Ahí, el personaje de la directora japonesa Naomi Kawase se entretiene en un relato de maternidades, volcanes y cenizas como en su propia cinta El bosque del luto (2007). Ahí, Albert Plá encarna a un cineasta incapaz de transformar el cadáver de un guion en simple vida. Ahí, el actor Jhonattan Burjack da vida y sexo a Eros en una reencarnación fantasmal del Pasolini de Teorema (1968). Y ahí, también, Aida Folch, Emma Suárez, Francesc Orella… Ahí, decíamos, Marisa Paredes.

Cuenta Miñarro que la película tiene que ver con su propia vida de cinéfilo antes que nada. Y según acierta completar la frase recuerda cuando organizaba tiempo atrás, en plena dictadura, viajes a Perpignan y Ceret a ver las películas que no se podían ver en España. «Imprimíamos programas de mano donde explicábamos cada película para los que no sabían francés», dice. También cuenta que el momento de Emergency Exit en el que el director de cine al que da vida Albert Plá tira el guion harto de todo a la papelera es exactamente su momento. «Es desesperante. Por mucho que lleves en este oficio, nunca te terminas de acostumbrarte a todas sus pequeñas miserias. Esta película tenía una subvención que, al fin y al cabo, era la que la hacía posible sin agobios. Pues bien, por un defecto de forma, por pura burocracia, se quedó fuera y hubo agobios», recuerda.

No en balde, Miñarro lleva en esto desde siempre y una línea continúa une los viajes cinéfilos al sur de Francia con sus compromisos en varias revistas de cine hasta acabar en la productora que acabó por hacer posible en España las carreras, entre otros y otras, de Isabel Coixet. «Cuando empezamos a mediados de los 90 a producir Cosas que nunca te dije, no hubo manera. Ningún actor quería ni acercarse. Fue entonces cuando pensamos en rodar en Portland. Gracias al trabajo de Gus Van Sant, había técnicos e infraestructura y la posibilidad de trabajar con una directora española resultaba tan exótico a muchos actores americanos que no hubo problema en que sumara al proyecto gente como Lili Taylor. Luego la cinta fue seleccionada en la Berlinale y todo fue rodado y la carrera de Isabel despegó… Pero no fue gracias a España».

¿Y qué piensa el productor y director Miñarro del buen momento del cine español hoy?
Es admirable, sin duda. Pero vivimos un momento muy raro. Se hacen muchas películas, pero tengo la impresión de que todas son las misma película. O alguien vende la casa de la Costa Brava o se cuenta la historia de una adolescente.

Sin duda, también en el estado siempre en crisis del cine español hay algo de sincronía. Da lo mismo cuándo preguntes. Miñarro y sus sincronías.