Castilla y León votó con ganas. Y dio la victoria al PP. Todas las encuestas venían vaticinándolo y el pronóstico se cumplió. Los populares han logrado un tercer triunfo indiscutible en este tren de elecciones que llegará hasta el verano con las andaluzas pero, también como en los casos de Extremadura y Aragón, el éxito aunque muy notable es insuficiente.
Alfonso Fernández Mañueco ha logrado un muy buen resultado -mejora en las nueve provincias- con 50.000 votos más que los obtenidos hace cuatro años, pero se ha quedado lejos de la mayoría absoluta, que en esta ocasión son 42 escaños. El PP ha acaparado el 35,46% de las papeletas, cuatro puntos más que en 2022, lo que supone un total de 33 asientos en las Cortes, dos más que los que ha ocupado hasta ahora.
Y pese a este éxito claro, tendrá que pactar y sólo hay una alternativa: hacerlo con Vox, que exhibe menos fuerza de la que se pronosticaba y no consigue llegar a la meta del 20%. La otra posibilidad, un acuerdo entre populares y socialistas, parece fuera de la realidad. El propio Mañueco la descartó anoche.
El PSOE también se ha anotado un éxito, no tanto en votos como en asientos en las Cortes: ha crecido menos de un punto, situándose en el 30,7%, pero eso le es suficiente para apuntarse dos procuradores más que en 2022 y darse un respiro tras los malos resultados extremeños y aragoneses.
El partido de Santiago Abascal, con Carlos Pollán como cabeza de cartel, ha mejorado también su resultado respecto al obtenido hace cuatro años. Vox ha crecido pero no ha logrado la meta del 20% a la que aspiraba -sólo la alcanzó en Valladolid y en Palencia-, se ha quedado en el 18,9% de los sufragios y tendrá sólo un procurador más que en 2022: ocupará 14 escaños.
Todo indica que el Partido Popular ha conseguido taponarlo, ponerle techo pero, aunque casi le duplica en votos, sigue siendo su única baza para reeditar una tercera legislatura al frente de la comunidad más extensa de España.
La gran incógnita ahora radica en saber cuáles serán las exigencias que planteará Vox para dar luz verde a la investidura de Mañueco y, en su caso, entrar a formar parte del Gobierno. Durante la campaña, el líder de la formación de derecha radical ha hecho hincapié en que reclamará un giro claro en las antípodas de cualquier política que sintonice lo más mínimo con el socialismo. Su candidato, Pollán advirtió ayer que no tendrá prisa en repartirse los sillones pero sí en reclamar ese cambio radical de política que preconiza Abascal.
Las propuestas anti inmigración; contra el llamado pacto verde; frente al acuerdo con Mercosur; de rechazo a las leyes de memoria histórica y su fuerte recelo ante las medidas de lucha contra la violencia machista, serán sus principales caballos de batalla.
Las urnas, sin duda, han consolidado el poder del bloque de la derecha. La suma de los votos de PP y Vox consigue alcanzar el 54%. Un anticipo, quizá, de lo que puede suceder finalmente cuando lleguen las elecciones generales.
En este sentido, el ascenso del Partido Popular y también el de Vox, y el hundimiento de las formaciones más situadas a la izquierda, que el PSOE, pese a subir y arañarles voto, no logra acaparar en su totalidad, sacuden el tablero lanzando un aviso de probable cambio de signo político a nivel nacional.
Los socialistas, con Carlos Martínez, un candidato que, a diferencia de Pilar Alegría en Aragón, no está especialmente identificado con Pedro Sánchez, ha resistido muy bien el embate. Martínez venía avalado, no por formar parte del núcleo sanchista, sino por su gestión como alcalde de Soria durante casi dos décadas. Es un hombre pegado al terreno que ha demostrado saber tocar la fibra de los votantes.
El PSOE incluso ha conseguido conjurar la maldición que parecía cebarse en él tras los comicios de Extremadura y Aragón. El socialismo logra crecer casi un punto respecto a lo que obtuvo en 2022. Ahora ha conseguido el 30,78% de los sufragios, lo que le reportará 30 escaños, dos más que los que ha ocupado en los últimos cuatro años. Todo un éxito si se tiene en cuenta el declive que ha venido padeciendo el partido en las últimas citas con las urnas.
El beneficio que ha conseguido el PSOE con la presencia en campaña del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y del ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, ambos empeñados en exprimir el eslogan del No a la guerra, ha consistido en comerse parte de los votos de las formaciones situadas a su izquierda: Podemos e Izquierda Unida–Sumar. Pero no todos.
Podemos, que entonces incluía también a Izquierda Unida, obtuvo el 5,1% de los sufragios. Un pedazo de tarta del que los socialistas ahora sólo han conseguido rentabilizar unas décimas.
El No a la guerra aparentemente ha tenido poca pegada en otras bolsas de votantes predominantes en un territorio en el que los problemas del envejecimiento y la dispersión de la población así como los de la agricultura y la ganadería, que supone la mitad de su actividad económica, son los más acuciantes.
Castilla y León ha estado gobernada por los populares -primero con las siglas AP y luego PP- desde 1987. Su resiliencia frente a la izquierda se confirma nuevamente en esta ocasión pero, a diferencia de épocas pasadas, quien tapona las expectativas de los populares de alcanzar un triunfo redondo, sin paliativos, se sitúa a su derecha.
El bloque de la izquierda, frente al predominio indiscutible de la derecha, exhibe sus fisuras por los extremos. De hecho, lo sostiene el PSOE en solitario. El resultado es que ninguno de los dos tendrá sitio en las Cortes. Sin duda ambas formaciones se han visto penalizadas por su propia división.
Podemos, con Miguel Ángel Llamas encabezando el cartel, se ha desplomado. El 5,1% de los votos que logró la formación morada hace cuatro años se ha reducido hasta el 0,74%. El resultado es que Podemos se queda fuera de las Cortes. Tenía un procurador; ahora no tendrá ninguno. Este escaño perdido no se ha trasvasado a Izquierda Unida-Sumar como pronosticaban algunos sondeos. La lista encabezada por Juan Gascón, su candidato, tampoco ha logrado escaño. Apenas ha logrado el 2,23% de los sufragios.
Respecto a las formaciones regionalistas, las urnas han deparado tres procuradores para UPL, igual que en 2022. XAV ha visto rebajarse en dos décimas su porcentaje de sufragios pero consigue mantener su procurador en las Cortes. Soria ¡Ya!, por su parte, pierde casi la mitad de los votos que obtuvo en 2022, pasando del 1,6% al 0,71%, lo que le supone perder dos de sus tres escaños.
