Hay algo en Judeline (Los Caños de Meca, Cádiz, 2003) que directamente remite a la extrañeza propia de un ser poco convencional. Quizás esa altura asociada a una voz juguetona. Quizás ese salto, que hace parecer natural entre géneros musicales sin mayor esfuerzo. Quizás los razonamientos impropios de su edad y su experiencia en la industria. Quizás los visos de estrella del pop que empieza a dibujar tan alejada del puro canon. O quizás sea que simplemente es un ser poco convencional.
Lara Fernández, el nombre real bajo el artístico, llega a la oficina de su agencia de prensa, pide perdón por la tardanza con cierto apuro y advierte: «Vengo un poco saturada y es mala hora, pero intentaré hacerlo bien». Y cuela una risilla como colofón de su disculpa. Está aquí porque en unas semanas se enfrentará a sus primeros conciertos en solitario en el Movistar Arena de Madrid (22 de febrero) y el Palau Sant Jordi de Barcelona (26 de febrero). También porque en el cierre de 2025, el año de su confirmación, publicó un proyecto de cinco temas, Verano Saudade, llamado a sumir en el goce nostálgico estival a este país. Y porque está lanzada en un proceso de internacionalización de la mano de su discográfica, Interscope -la misma de Lady Gaga, Olivia Rodrigo, Billie Eilish, Gracie Abrams o Bad Gyal-, que hasta el mes de junio la llevará por escenarios de Londres, París, Amsterdam, Bruselas, Berlín, Praga, Ciudad de México, Monterrey, Bogotá y a los de los festivales Lollapalooza de Argentina y Chile.
«Me lo tomo todo con bastante calma porque tengo una confianza muy grande en que las cosas se van a dar. También digo a veces: ‘Joder, venga, que me llegue mi momento ya’. Yo sé que me está llegando, aunque esa ambición aparece por momentos. Normalmente estoy tranquila y confío en ese proceso gradual», afirma Judeline, que llegó a Madrid a los 17 años con una única obsesión: triunfar en la música. Y ahora, solo cinco años después, el proceso va lanzado -tres nominaciones a los Latin Grammy con su primer disco, Bodhiria, como crédito- con un proyecto que de puro alternativo no para de mutar. «Siempre he querido ser una estrella del pop, pero habría que reinventar lo que significa serlo porque no creo que sea el tipo de persona que lo pueda ser. No sé bailar, no sé si tengo esa personalidad de diva absoluta, pero siento que vamos reinventando lo que es ser una estrella pop. Charli XCX o Lady Gaga son una reinvención. Si fuera una estrella del pop, lo sería a mi manera».
- ¿Quizás lo que le pasa es que no quiere encajar en el que durante años fue un molde para estrellas, sobre todo femeninas, del pop?
- Me encantaría encajar, de verdad, pero no nací así. No bailo, no tengo esa cosa explosiva que tienen las divas del pop en el escenario. No tengo el movimiento de melena de Beyoncé y no soy tan disciplinada como ellas. Tampoco me mato en el gimnasio ni me despierto tempranísimo a diario. No creo que mi personalidad vaya a priorizar nunca ser esa persona, no me sale natural, pero algún día reinventaré lo que es ser un diva del pop para mí.
- Sin tener eso, ha conseguido que la industria se fije en usted, tres nominaciones a los Latin Grammy con su primer disco, sus dos primeras arenas en solitario en Madrid y Barcelona, recorrer el mundo…
- Creo que la gente ha visto algo en el proyecto que les ha gustado y creo que cuando la gente percibe cierta pureza en los proyectos hay algo adictivo. Estamos en un momento bueno porque la música a veces se siente tan preparada que lo sencillo y lo natural es lo que llega. Con sencillo me refiero a lo que nadie te ha obligado a hacer. Los fans notan cuando cada decisión sale del artista y no hay muchísimas mentes pensantes detrás haciéndolo todo por ellos.
- Estar dentro de ese crecimiento, con 22 años, ¿qué le produce?
- Ahí sí que siento que hay cosas que han pasado muy rápido y no me ha dado tiempo a procesar. Ahora lo estoy haciendo e intentando ponerme a la altura de las oportunidades que se me están abriendo. No sé, me siento feliz, aunque esto solo es una parte muy pequeña de lo que yo quiero conseguir y que estoy empezando a entrar en el camino que quiero seguir. Tampoco es algo que me reprima creativamente, mi mente y mi visión artística siguen siendo exactamente iguales.
- ¿Le preocupa que esa parte creativa pueda quedar subyugada a todo lo demás?
- No me preocupa porque si algo afecta a la visión artística, lo aparto. Otra cosa es que se transforme radicalmente lo que yo sentía hace dos meses. Eso es parte del proceso creativo. Me gusta reflexionar sobre mi propia visión artística, cómo ha llegado esa información a mí y cómo voy aceptando todos los cambios. No tengo miedo a que nada me limite artísticamente porque las personas que están a mi alrededor me escuchan y me apoyan con las cosas que se me ocurren. Siento que estoy en un entorno donde la creatividad fluye de forma sana.
- Su último proyecto, el EP Verano Saudade, está atravesado por el miedo a la pérdida de la juventud. ¿Está viviendo ese proceso?
- Es una crisis que me dio este año por qué cumplí 22 y y me empecé a preguntar qué estoy haciendo con mi juventud. Llevo unos años que nunca salgo de fiesta, socializo muy poco y siempre me quiero ir a mi casa lo más pronto posible. Eso me hace pensar si me estoy perdiendo cosas que debería estar haciendo a mi edad. Es como que siento que estoy trabajando demasiado y no estoy viviendo y no sé si me voy a arrepentir cuando sea mayor. De ahí que plantee lo de la eterna juventud.
«No tengo ninguna intención de ser una artista que llena dos estadios. Si se da, de puta madre, pero prefiero hacer buenos discos»
- Tengo la sensación de que esa ansiedad por perder la juventud es común a mujeres jóvenes de la música: Julieta, Natalia Lacunza…
- Creo que hay una presión que no sé muy bien cómo explicar. La globalización, el ver muchas carreras desde fuera, te hace sentir que los que triunfan en el mundo cada vez son más jóvenes y que solo existe un rango de edad para que despliegues la versión más increíble de ti mismo, que si no consigues alcanzar el máximo éxito a una edad no lo vas a lograr.
- Junto a ese temor, estos temas son una arenga al goce, al disfrute y, sobre todo, a la sexualidad libre.
- Para mí la sensación de vivir en un verano eterno tiene que tener sexo. Desmelenarte, conectar con tu sexualidad, sentirte atractiva y bailar. Creo que se habla mucho de sexo, pero se despersonaliza. Me da mucho miedo que, en la era del porno, el sexo se está viendo muy desconectada de uno mismo. El sexo no se tiene que ver desde fuera, es una cosa íntima, hay que conectar con ella y tratarla con mucho mimo. Es una cosa muy vulnerable, pero hay que disfrutarla porque es sanísimo y parte de nuestra naturaleza. Yo lo tengo muy presente cuando hablo con mis amigas y en mi música.
- ¿Qué importancia tiene, en su caso también desde una visión LGTBI, que muchas mujeres estén reivindicado esa sexualidad activa?
- Yo no veo mal que un hombre hable de la sexualidad de una mujer si lo hace de una manera respetuosa. Me parece peor que digamos que es vulgar o que es machista que lo trate desde el disfrute femenino porque lo haya escrito un hombre. El problema es que siempre han estado normalizadas la sumisión y las letras machistas, desde toda la historia. Lo bonito de esto es apropiárnoslo. Pienso en Rocío Jurado, que en su época parecía un escándalo que una mujer hablara de su sexualidad. Realmente para mí ya es algo natural. No le doy la vuelta reivindicativa, pero una vez que las canciones están fuera me parece bonito cómo las chicas interpretan esas letras.
- Ahora que los grandes recintos parecen marcar las carreras de los artistas, ¿qué suponen para usted ese Movistar y ese Palau?
- Es mi primera vez y no me quiero frustrar si no es el concierto de mi vida o si no sale perfecto. Aunque estoy súper contenta y sé que va a ser inolvidable. Me refiero a que me lo quiero tomar como que este es el inicio de las arenas que voy a hacer en mi vida y el primer pasito para enseñarle al mundo que soy capaz de hacer cosas a gran escala. Lo siento como un aprendizaje, como una oportunidad bonita, pero como un comienzo. No quiero pensar que he llegado hasta aquí y que eso está guay, quiero que sea el comienzo de lo siguiente.
- ¿Se ha generado un modelo perverso al relacionar el éxito con la medida de los recintos que se llenan?
- Yo no me obsesiono tanto con llenarlo, sino con hacerlo cada vez mejor, vengan los mismos o vengan menos. Lo que me importa de verdad es llevar un show que esté a la altura, perfeccionar cosas, cantarlo bien y durar una hora y media o dos horas sin ahogarme. Sentir que es como el comienzo de una evolución que va más allá y que me motiva a ser mejor artista y mejor profesional. No tengo ninguna intención de ser una artista que hace dos fechas en un estadio, no me veo. Si se da, de puta madre. Pero prefiero hacer buenos discos. No tengo tanta ambición con el directo.
- Creo que la industria musical piensa al contrario.
- Yo creo que muchísimos artistas se sienten como yo, que son más los equipos que les presionan con llenar y que mucha gente compre tickets. Yo lo que quiero es hacer buenos discos y buena música. Ahora mismo no me ha dado tiempo a ponerme, a ir al estudio, pero van saliendo cositas en casa muy lentitas y muy pequeñitas. En cuanto pueda me quiero meter al estudio a vomitarlo todo, pero todavía no he podido.
- Parece que han llegado una generación, pienso en los Rusia IDK, usted, por supuesto Rosalía, con la intención de que la música experimental sea la presentación de España al mundo.
- Yo creo que eso es un alivio para muchos artistas que lo experimental esté triunfando. Puede ser que falles y a la gente no le guste, pero siento que la gente cada vez está abriendo más la mente en ese sentido y apreciando las cosas que suenan distinto o que suenan originales. Está bien que los artistas salgamos de lo que sonaba siempre en las radios antes. Me parece muy positivo ese cambio de que cualquier personas pueda tener acceso y hacer música o que la pueda hacer en su casa. Son muchísimas más posibilidades de que alguien increíble pueda vivir de la música, que antes era impensable si no tenías un enchufe en una discográfica. Estoy feliz de la era en la que vivo.
- Usted misma que llegó a Madrid con 17 años sin tener nada y cinco años después aquí estamos.
- Si miro atrás, yo sabía que se iba a dar. Mira que yo no me considero una persona muy segura de mí misma, pero en la música siempre he tenido una seguridad ciega. Al comienzo para mí era muy frustrante que todo el mundo me miraba y pensaba ‘pobrecita, la hostia que se va a pegar’ cuando hablaba de las cosas que quería hacer. Y poco a poco esa gente que me veía como que estaba loca vio que esto funcionaba. Pero me veían muy pequeña, muy motivada y pensaban que me iba a dar la hostia.
- Esos inicios viviendo en un pisillo del barrio de Almedrales, sin mucho para seguir… ¿cuánto han forjado su carácter, su forma de relacionarse con la industria y su forma de querer hacer carrera?
- Fueron pequeños factores, pero es que yo no tenía vergüenza ninguna. He tocado todas las puertas, he escrito a todo el mundo por Instagram para ver si podía escribir una letra. Ahora miro mis DMs y joder… Ahora me pasa al contrario, que me escriben a mí y pienso ‘sí, claro’. Luego me doy cuenta de que estoy juzgando a esa gente, pero es que yo mandaba esos mensajes. Yo iba a todos lados, no estaba quieta, le escribía a todo el mundo que le podía y le enseñaba música a todas las personas que podía. Lo compartía por todos lados, hacía listas de difusión o de whatsapp con los links cuando sacaba canción. Y de pronto no sé cómo pasó todo esto y aquí estoy.
«Las personas que están en contra de la inmigración y la multiculturalidad es porque les falta mucha conexión humana con el prójimo»
- No tenía otra opción que la de ser cantante, claro.
- Te lo juro que no pensé en otra opción. Además todo cuadró perfecto. Cuando ya me estaba quedando tiesa, no tenía ni un duro y me firmó mi publishing. Cuando volvía a no quedarme un duro, estaba comiendo macarrones un mes, me salía un concierto y tiraba un poquito. Era como tener un angelito todo el rato que me decía ‘no te preocupes que te estoy metiendo caña ahora y parece que se va a ir todo a tomar por culo, pero no’. Todavía me sigue pasando un poco, sigo teniendo cierta suerte. También es verdad que a medida que me hago adulta entiendo un poco más la vida y todo es como más organizado.
- Desde sus primeros temas, recogidos en Desde la luz, hasta su último trabajo, pasando por Bodhiria, siempre ha estado presente su origen andaluz y gaditano como inspiración. ¿Le ha ayudado la música a reconciliarse con sus orígenes pese a una mala adolescencia?
- Sin duda, ahora lo veo desde fuera, echo de menos mi tierra, aprecio la cultura única que tenemos. Cuanta más música descubro, más me doy cuenta de lo única que es la música en Andalucía. Las ramas que hay, las cosas tan increíbles que se han hecho. He estado enamorada de mi tierra desde niña, pero ahora que veo mi pueblo desde fuera lo aprecio muchísimo más y saboreo cada parte de su cultura más intensamente.
- Parte de esa cultura es la religiosidad, que ahora parece haber tomado el ámbito musical. En su disco ya había una mirada religiosa-espiritual muy marcada.
- Yo le pongo mucha importancia desde niña y en mi familia siempre se ha dado mucha importancia al espíritu. Pero nunca me han obligado a nada. Me da mucha rabia la espiritualidad impuesta, las religiones que imponen su doctrina a los demás. Siento que la espiritualidad es también íntima, cada persona tiene que descubrir la suya propia. Para mí debería haber tantas religiones como personas. Pero sí que para hacer música yo estoy conectada ahí.
- ¿Cuál es su conexión?
- A mí las religiones me inspiran mucho desde siempre, siempre me han llamado la atención. Mi padre siempre ha estado muy interesado por la espiritualidad en la India. Mi abuela materna, esa familia, eran católicos. Y luego tengo muchos amigos musulmanes del colegio porque estamos muy cerca de Marruecos. Siempre había muchas religiones que me rodeaban y veía mucha belleza y oscuridad a partes iguales en todas ellas. Aún me sigue pasando.
- Precisamente esa multiculturalidad que usted plantea ha abierto ahora un debate mundial.
- Las personas que están en contra de la inmigración y de la multiculturalidad son personas a las que les falta mucha conexión humana con el prójimo. Para mí, haberme criado en esta multiculturalidad me hace querer nutrirme de cultura de todos los lugares del mundo y comprender que somos todos exactamente iguales. Andalucía es multicultural de por sí. El flamenco se parece a un rezo musulmán, las melodías de la India parecen una soleá… Esa multiculturalidad me hace sentirme libre con mi música y mostrar sonidos que no se pueda identificar muy bien ni de dónde viene ni de qué género son.
