Fran Perea: «Echo de menos que los políticos españoles alardeen lo mismo de ir al teatro que de ir al fútbol»

Fran Perea (Málaga, 1978), que presenta la tercera temporada de la serie ‘Atasco’ (Prime Vídeo), se acaba de comer uno de hora y pico. ¿Casualidad cósmica? No, Navidad en Madrid, pero el actor y cantante llega a la cita apurado y disculpándose. «Qué horror. Cojo poco el coche porque me desespera mucho. Saca lo peor de mí», explica antes de pedir un café con leche y obviar con naturalidad las miradas que le persiguen desde hace más de 20 años. ‘Los Serrano’, ya saben…

Te cabrearás conduciendo, pero pareces una persona bastante tranquila.
Lo soy. Sólo me pongo nervioso con lo que me hace perder el tiempo. Tengo muchas cosas que hacer últimamente y perder una hora me parece un drama. No consigo relajarme. Ahora mismo estoy cerrando el disco nuevo, que lo saco en febrero, estoy preparando la gira de 2026, he hecho esta serie, tengo el teatro con la gira de ‘El efecto’ y dirigiendo el ‘Yo sostenido’ de Víctor Elías… Uno quiere ser tranquilo, pero a veces es imposible.
Doble carrera, doble trabajo.
Sí, me encanta lo que hago, me mantengo solo y me siento súper afortunado de funcionar en la música y en la actuación, pero hay épocas que todo se junta y es el caos absoluto. Se te abren todas las ventanas del navegador a la vez y es complicado coordinar las cosas. No me quejo, eh. Mucho mejor tener estos atascos de trabajo que no tener nada, que esas etapas también las he vivido.
Hay que hacer caja cuando se puede, por si las moscas.
La cosa es que luego miro la cuenta y pienso: «Coño, ¿esto es verdad? Todo lo que estoy currando y qué poco se nota» [risas].
Me ha hecho gracia que en la sinopsis de la serie se refieran a tu personaje como «un joven ecologista».
Qué bonito, ¿no? Porque ecologista vale, pero joven… [risas]. La edad y el dolor de espalda ya no me los quita nadie, pero soy el eterno adolescente en el imaginario colectivo. Cuando tienes un éxito del calibre de ‘Los Serrano’, un personaje como el de Marcos ya te acompaña toda la vida. La gente de pronto te ve por la calle y te suelta: «Ay, pero estás muy mayor, ¿no?». Claro, caballero, y usted también, que han pasado veintipico años. Cuesta cambiar la imagen que la gente tiene de ti en la cabeza y casi todo el mundo cree que soy más joven de lo que soy, como además hice ‘Los Serrano’ teniendo yo diez años más que el personaje, pasa todavía más.
¿Un éxito así es bendición o estigma?
Las dos cosas. Es una bendición porque te abre muchísimas puertas y es un estigma porque, a día de hoy, veintitantos años después, soy el de ‘Los Serrano’ y me moriré siendo el de ‘Los Serrano’. Aunque a veces frustra, es normal. He hecho otras muchas cosas, pero para alcanzar la audiencia que tenía un solo capítulo de la serie, que se iban a siete y ocho millones de espectadores, tienes que hacer teatro durante varias vidas. Me ha fagocitado un poco, pero sería cínico no reconocer que me ha dado muchísimo. Yo era un chaval de Málaga que en la vida se habría imaginado tener un éxito de ese calibre y lo tuve casi de inicio. Y luego he tenido otro tipo de éxitos: encontrar mi lugar y disfrutar de lo que hago.
Has hablado de Víctor Elías, tu hermano pequeño en la serie. En la obra que tú diriges, cuenta su infierno de adicciones, bullying, fama mal llevada… Él dice que has sido clave en su recuperación.
No tiene mérito, es una cosa que se hace por amor y él es un hermano de verdad para mí. Siento muchísimo orgullo de lo que ha hecho porque tenía unas cartas muy jodidas y es un auténtico milagro que esté donde está y como está. Supongo que yo tendré un poquito que ver en todo eso y me alegra haberle ayudado a contar esta historia, pero todo el mérito es suyo. Le tengo muchísimo cariño y casi la misma admiración. Estamos haciendo muchas cosas juntos a nivel profesional y poder encontrar alguien que te complementa tan bien es muy difícil. Hemos tenido la suerte de encontrarnos. ¿Ves cómo tengo mucho que agradecer a ‘Los Serrano’?

Para Víctor era peor porque su situación familiar era durísima, ¿pero pueden unos chavales gestionar con normalidad una fama de ese calibre?
Es muy difícil, pero a la larga todo el grupillo, toda la familia, salimos muy bien para lo que podía haber sido. Tuvimos suerte. Nos cuidamos mucho los unos a los otros y también quiero agradecer el papel de Antonio Resines, que fue siempre muy paternal. Me ayudó mucho y tuve conversaciones muy interesantes con él que creo que, siendo como es Antonio, él no les da importancia, pero para mí fue básica la compañía de alguien que sabía mucho y que es muy inteligente. Me echó un cable cuando más lo necesitaba.
¿Lo pasaste mal?
Peté. Directamente. Me fui de la serie antes de que terminara, dejé la música y me fui lejos. Fue una huida necesaria. No hice tele en mucho tiempo y después me refugié en el teatro. Necesitaba alejarme del ruido y del foco constante porque, cuando todos los ojos están puestos en ti, la presión es insoportable. Creo que tomé las decisiones adecuadas para poder curarme, que pasara el tiempo, colocar las cosas en su sitio y volver al trabajo con ganas porque en ese momento lo habría dejado todo. Necesitaba dar un rodeo.
Para llevar sólo media carrera, te ha cundido.
La verdad es que sí. Si miro hacia atrás, veo un recorrido muy interesante y si miro hacia delante, veo un futuro halagüeño. Me he podido permitir algo que no mucha gente puede, que es generar un tejido a mí alrededor para no depender todo el rato de otras personas para trabajar. Tengo una compañía de teatro, unos teatros en Madrid, un sello discográfico y una productora. He invertido mucho tiempo en ponerlo en marcha y he pasado por muchos momentos de tensión en el proceso de creación de todo ese tejido, pero ahora ya está en marcha y lo puedo disfrutar. No podría haber hecho todo esto sin haber pasado por todo aquello. Y a partir de aquí… Yo que sé, sigo teniendo ambición, me lo sigo pasando muy bien, pero tampoco hago grandes planes porque tiene poco sentido hacer planes en lo nuestro.
No falla: los actores, desde el que empieza al que tiene tres Goyas, vivís con miedo a que todo se acabe.
Claro, porque hemos pasado todos por momentos de que no hay curro. En parte, por eso me he montado yo todo este entramado, pero tampoco me garantiza nada. Yo también he pasado momentos malos, épocas en que te que te come la inseguridad. Eso es para mí lo más complicado: no sentir que todo es culpa tuya, que no te llaman tanto porque has hecho algo mal. Es difícil lograr que ese monstruo no te devore. No suena el teléfono y en tu cabeza todo son miedos: «Soy yo, no soy bueno, me he comportado mal, he sido egoísta, he ido de estrellita…».
¿Has ido de estrellita?
No, pero me habrá traicionado el ego en algún momento, seguro. No lo sé, no he recibido grandes quejas así que supongo que nada grave. La única solución que yo le he encontrado a todo esto de los miedos es hacer cosas sin parar, lo que sea, aunque casi nadie lo vea. De hecho, esas épocas en las que he tenido menos exposición, me han servido para aprender a cuidarme. Todo lo que sucede conviene.
Ahora que estás tan metido en la producción teatral y musical, ¿descuida España su cultura?
Bastante. Siempre he reivindicado poner la cultura encima de la mesa como un elemento de primera necesidad. En este país la cultura nunca está en el debate político. No da votos, cuando hay recortes es de lo primero que cae, en el Congreso y en los debates casi nunca se habla de ella… Me da muchísima pena y creo que desde las instituciones se debería fomentar mucho más algo que ayuda a la gente a ser más feliz, a tener un criterio propio y a tener valores. A lo mejor eso es lo que no quieren… Siempre he echado de menos eso, que los políticos alardeasen tanto de ir al teatro como de ir a un partido de fútbol para apoyar a la selección o a un equipo español. No es incompatible.