Elecciones en Hungría: el opositor Magyar alcanza el 49% de los votos frente al 41% de Orban, con el 21% escrutado

Hungría vive una jornada electoral histórica marcada por una participación sin precedentes y una enorme expectación política. Con cerca del 15% del escrutinio completado, la formación opositora Tisza, liderada por Péter Magyar, consolida su ventaja en la proyección de escaños y alcanzaría los 125 representantes, muy por encima de la mayoría absoluta fijada en 100 en un Parlamento de 199 asientos. En porcentajes, Tisza alcanza el 49% frente al 41% de Fidesz, con el 21% escrutado. El bloque gobernante de Viktor Orban se quedaría, por ahora, en torno a los 65 escaños.

Al cierre de los colegios la participación era del 77,80% en unos comicios que se perfilan como los más decisivos desde el fin del comunismo en 1989. Se trata de un pulso entre la continuidad del primer ministro Viktor Orban y la posibilidad de un giro político liderado por la oposición 16 años después.

«Quiero decir a los simpatizantes, a nuestros compatriotas y a todos en el país, que ahora es especialmente importante mantener nuestra serenidad y tranquilidad. Vemos y escuchamos señales de lo que el partido estatal está preparando, posibles provocaciones. Hemos oído durante el día signos de locura, incluso sobre posibles ataques armados o contra edificios públicos. Pido que se esperen los resultados en paz y con serenidad. Y si son como imaginamos y esperamos, entonces celebraremos un gran carnaval húngaro», ha declarado Péter Magyar en el momento del recuento.

Las primeras proyecciones tras el cierre de urnas darían una ligera ventaja al Fidesz de Orban con un 44,5% de los votos, por delante del opositor Tisza, con un 42%.

La participación es el doble que hace cuatro años, cuando el partido Fidesz de Orban logró su cuarta mayoría absoluta consecutiva. Los primeros resultados relevantes se esperan para después de las 22.00 local (20.00 GMT), informó Efe.

Aunque el entusiasmo inicial de los votantes disminuyó en las últimas horas, y elecciones anteriores han demostrado que mucha menos gente acude a votar después de las cinco de la tarde, este domingo se estableció un récord histórico, ya que en las elecciones de 2018 las urnas cerraron con una participación del 70,22%.

Las cifras actuales incluso superan el récord de las elecciones de 2002, que se celebraron con un sistema electoral completamente diferente, a dos vueltas, informó el medio local Index. En aquella ocasión, el 73,51% de los votantes habilitados acudieron a las urnas.

Los últimos sondeos

El partido opositor Tisza, del conservador Péter Magyar, habría conseguido un 55% de los votos, frente al 38% del Fidesz, de acuerdo con una encuesta hecha en los últimos tres días. Según el Centro de Investigaciones 21, el partido Nuestra Patria, de extrema derecha, habría logrado entrar en el Parlamento, con un 5 %, justo el umbral necesario para acceder a la Cámara.

Si bien estos datos ofrecen una orientación sobre las tendencias de voto, no se basan en datos reales de la votación de hoy. Pero en caso de confirmarse estos niveles de apoyo, Péter Magyar podría estar al borde de una mayoría de dos tercios en el Parlamento, según un calculador de escaños del mismo centro de demoscopia.

Por su parte, el jefe de gabinete de Orban ha afirmado que confía en que Fidesz obtenga la mayoría.

La intuición automática es pensar que una participación alta favorece a la oposición. Pero en el caso de Hungría, y en particular bajo el sistema político de Orban, esa lectura es demasiado simplista y puede llevar a errores de análisis. Con rigor, una participación del 77% no tiene un significado unívoco. Es una señal fuerte, pero ambigua.

En muchos sistemas democráticos, el aumento de participación suele asociarse a voto de castigo: gente desmovilizada que acude a votar para desalojar al gobierno. Esa lógica funcionó, por ejemplo, en varios países de Europa Central en momentos de cambio político. Pero Hungría no es un sistema estándar. Es un sistema altamente estructurado, donde el partido gobernante, Fidesz, no solo compite: organiza el terreno de juego. El electorado de Fidesz está extraordinariamente movilizado. No es un votante pasivo. Es disciplinado, ideologizado en torno a cuestiones como soberanía, identidad nacional y rechazo a Bruselas, y además está sostenido por una red clientelar muy efectiva, sobre todo en zonas rurales. Esto significa que una participación alta no implica necesariamente que «entran nuevos votantes anti-gobierno»; puede significar que la maquinaria del gobierno ha funcionado perfectamente.

La oposición —aunque más fuerte ahora con figuras como Magyar— sigue teniendo un problema estructural: su voto está muy concentrado en áreas urbanas (Budapest y grandes ciudades) y menos implantado territorialmente. Y aquí entra un factor clave: el sistema electoral húngaro, rediseñado por Fidesz, prima las circunscripciones rurales y el voto mayoritario. Es decir, no basta con movilizar mucho voto; hay que movilizarlo en los lugares correctos.

Tercero, una participación alta puede ser incluso una señal de polarización extrema más que de cambio. En contextos polarizados, ambos bloques se movilizan al máximo. Y en Hungría, la polarización es profunda: UE vs soberanía, liberalismo vs nacional-conservadurismo, guerra de Ucrania vs neutralidad pragmática. En ese escenario, el 77% puede reflejar una batalla total, no necesariamente un vuelco.

Ahora bien, si esa participación alta viene acompañada de una entrada significativa de votantes nuevos, jóvenes o previamente abstencionistas, y si estos se inclinan mayoritariamente hacia la oposición, entonces sí podría ser una señal de desgaste del régimen. Pero eso no lo sabemos solo con el dato de participación. Necesitamos ver distribución geográfica y perfil del votante.

Poco después de las 08.00 hora local (06.00 GMT), los dos grandes rivales para hacerse con el poder, el actual primer ministro, el ultranacionalista Orban, y el aspirante opositor y favorito según los sondeos, el conservador Péter Magyar depositaron sus votos en Budapest.

Los húngaros deciden si le otorgan a Orban, todo un referente de la derecha populista internacional, un quinto mandato consecutivo, o si se decantan por un cambio de régimen, con Magyar al frente. El candidato conservador de 45 años, hasta hace apenas dos años militante del Fidesz, acudió al colegio electoral de su barrio en Budapest a las 08.25 de la mañana, rodeado por decenas de periodistas.

«Nadie debe tener miedo, hoy habrá un cambio de sistema en Hungría. Millones de húngaros harán historia. No hay de quién tener miedo», aseguró Magyar a la prensa después de votar.

«El Estado mafioso ya no tiene poder sobre ningún ciudadano húngaro», aseguró el líder opositor en clara alusión a Orban, que gobierna el país centroeuropeo desde 2010 con amplias mayorías absolutas que le permitieron enmendar a su gusto la Constitución y la ley electoral, entre otras muchas medidas.

Las encuestas de intención de voto dan una clara ventaja a Magyar, si bien las particularidades del sistema electoral húngaro, reformado varias veces desde 2011 en beneficio del Fidesz, no excluyen la posibilidad de una mayoría en escaños para Orban aunque tenga menos voto popular.

Sin embargo, el propio primer ministro, de 62 años de edad, reconoció este domingo tras depositar su voto que en caso de una «enorme victoria» de Magyar abandonará la presidencia del Fidesz, el partido que él mismo cofundó en 1988 y que domina desde hace décadas. Preguntado por la prensa si éstas serían sus últimas elecciones en caso de una derrota clara, Orban respondió: «De ninguna manera, soy un hombre joven, éstas no serán mis últimas elecciones».

Un grupo de activistas del movimiento cívico AHang (La Voz) esperaban a Orban delante de la escuela donde votó con un gran cartel en forma de tarjeta de embarque para un vuelo Budapest-Moscú, con salida para esta noche, en alusión a las estrechas relaciones del primer ministro con Rusia.

Debido a la importancia de Orban para el movimiento populista ultraconservador, las elecciones húngaras son seguidas con mucha atención tanto por sus seguidores como por sus críticos, entre ellos, Ucrania y la Unión Europea (UE), con la que el líder magiar está enfrentado desde hace años.

Mientras, tanto el presidente estadounidense, Donald Trump, como el líder ruso, Vladimir Putin, apoyan a Orban, junto con numerosos líderes de la ultraderecha europea, como la francesa Marine Le Pen o el español Santiago Abascal, entre otros.