Todo son dudas en Washington: en qué punto está el presidente, la guerra, la paz y las relaciones de Estados Unidos con el resto del planeta, enemigos o aliados. A las 18:32 del martes (00:32 en la España peninsular), Donald Trump dio marcha atrás, una vez más. Hora y media antes de que venciera el plazo que él mismo se había fijado para ordenar un bombardeo capaz de aniquilar «toda una civilización», Trump reculó y ofreció un alto el fuego de dos semanas al régimen iraní, condicionado a que Teherán acepte también quitara las restricciones al paso de petroleros por el Estrecho de Ormuz. Instantes después, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán anunció que había aceptado ese alto el fuego y que negociará con Estados Unidos en Islamabad a partir del viernes. A partir de ahí, sin embargo, el caos.
Menos de 24 horas después, el mundo intentaba analizar el alto el fuego de Schrödinger, que era y no era al mismo tiempo, pero que sin duda es frágil y precario. Estados Unidos pausó sus ataques, pero Israel no; o no todos. Su campaña sobre el Líbano, de hecho, se multiplicó, dejando más de 1.100 víctimas en ataques en Beirut. Teherán, furiosa, amenazó con no abrir Ormuz. La Casa Blanca y el presidente, lavándose las manos, dijeron que el acuerdo alcanzado no afecta al Líbano, por culpa de Hizbulá, y que, si no se abría la navegación en total libertad (esto es, sin peajes tampoco), habría consecuencias graves.
El portavoz del parlamento iraní, Mohamed Ghalibaf, denunció, en cambio, que lo ocurrido era una flagrante violación de lo pactado, llegando incluso a decir que la paz en el Líbano (apuntada por el mediador paquistaní el martes) era, de hecho, el primer punto de todos. Y nadie fue capaz de mostrar algún documento común, proliferando todo tipo de versiones contradictorias e irreconciliables. «Creo que esto surge de un malentendido legítimo. Creo que los iraníes pensaron que el alto el fuego incluía al Líbano, y simplemente no fue así. Nunca hicimos esa promesa, nunca indicamos que eso iba a ser el caso», aseguró el vicepresidente estadounidense, JD Vance.
El caos inevitable del mundo moderno, cuando la paz se negocia a diez bandas por WhatsApp en vez de en persona, por actores con intereses cruzados y no veteranos que hablen el mismo idioma y respeten los mismos códigos. Cuando todo se anuncia, arbitrariamente, en las redes sociales en busca de viralidad. «Tal como están las cosas, hay un alto el fuego que tal vez sí o tal vez no esté vigente, basado en términos que tal vez sí o tal vez no se entiendan comúnmente; podría llevar a negociaciones que tal vez sí o tal vez no ocurran realmente, basadas en propuestas que tal vez sí o tal vez no sean un punto de partida», resumió en un tuit el analista Ali Vaez, profesor en Georgetown y experto del International Crisis Group.
La jornada del miércoles estuvo marcada por la incertidumbre en todas las direcciones. Con Trump y su gente, una vez más, hablando de una posible retirada de la OTAN, coincidiendo con la visita desesperada del secretario general de la Alianza, Mark Rutte, a Washington. Cuestionado por Trump y por los aliados europeos, todos convencidos de que no está siendo capaz de transmitir la realidad sobre el terreno. «Resulta bastante lamentable que la OTAN haya dado la espalda al pueblo estadounidense durante las últimas seis semanas, cuando es precisamente el pueblo estadounidense el que ha estado financiando su defensa», había anticipado la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, avisando de que la conversación con Rutte sería muy «franca y sincera».
Según publicó The Wall Street Journal mientras la reunión con el neerlandés tenía lugar, la Administración bajara seriamente «castigar» a los socios que hayan sido más reacios a colaborar, retirando tropas estacionadas en algunos países para llevarlas a otros vistos como más cooperadores, como Lituania, Grecia o Rumanía. Sobre la mesa está incluso cerrar bases, por ejemplo en España o Alemania, muy señaladas en las últimas semanas. No había decisiones tomadas de momento en ningún sentido, según las fuentes citadas.
La idea no es una sorpresa. El presidente lleva semanas pronunciándose sobre su descontento con los aliados en general, y con países como Reino Unido, España y Alemania en particular, por no permitir el uso de sus bases, poner restricciones al espacio aéreo o simplemente mostrar reservas sobre la Operación Furia Épica. Apremiado además por figuras como el senador republicano Lindsey Graham o algunos comentaristas, que han tildado de traición la actitud de los europeos. Ya en su primer mandato, Trump retiró 12.000 soldados de Alemania, pero Joe Biden dio marcha atrás a esa decisión al ganar las elecciones de 2020.
Y con las amenazas volviendo a correr como siempre, en lo que debería haber sido una oportunidad para encontrar una salida definitiva. «El presidente no va a respetar nuestros términos si los iraníes no están respetando los suyos… El presidente tiene muchas opciones para volver a la guerra«, reiteró el vicepresidente JD Vance, el escogido por Trump para liderar las negociaciones en Islamabad este fin de semana, junto al yerno del presidente, Jared Kushner, y el enviado especial Steve Witkoff. «Estamos con todas nuestras fuerzas junto a los muyahidines de Hizbulá y castigaremos al enemigo sionista. La responsabilidad del colapso del alto el fuego recae en Estados Unidos, que o no quiere o no puede ponerle la correa a su perro rabioso. La violación del alto el fuego por parte de Estados Unidos tampoco será tolerada«, avisó Mohsen Rezaei ex jefe de la Guardia Revolucionaria y asesor del ayatolá Mujtaba Jamenei.
Las últimas 48 horas parecieron escritas por un guionista retorcido. Trump amenazando con borrar de un plomazo una civilización para después agarrarse a una pausa imprecisa, quizás una salida para el lío en el que se ha metido. «Ya hemos cumplido y superado todos los objetivos militares y estamos muy avanzados en la negociación de un Acuerdo definitivo sobre la PAZ a largo plazo con Irán y la PAZ en Oriente Próximo. Recibimos una propuesta de 10 puntos de Irán y creemos que constituye una base viable para la negociación. Estados Unidos e Irán han acordado casi todos los puntos de controversia anteriores, pero dos semanas permitirán finalizar y concretar el Acuerdo», aseguró Trump cuando anunció que no habría una destrucción del país, como había especulado. «En nombre de los Estados Unidos de América, como presidente, y también en representación de los países de Oriente Próximo, es un honor que este problema de larga data esté cerca de resolverse».
Sin embargo, a lo largo del miércoles, Trump habló con muchos periodistas, dejando todo tipo de mensajes inconexos. Por ejemplo, abriendo la puerta a una joint venture, una especie de operación empresarial conjunta con los iraníes para cobrar ambos peajes a los petroleros que pasen por Ormuz. Igualmente, impuso potenciales sanciones arancelarias a quien vende armas a Teherán, pero anunciando una posible cooperación militar con los ayatolás para intentar recuperar el material nuclear que quedó enterrado en los ataques a las instalaciones iraníes en el verano de 2025.
Trump es un líder completamente imprevisible, y al mismo tiempo extraordinariamente repetitivo en sus estrategias. Exactamente lo mismo que ha hecho en Irán lo había avanzado antes con los aranceles, por ejemplo. Una amenaza, seguida de un anuncio grandilocuente, continuada por una rectificación, una prórroga, una amenaza aún mayor, difundir medias verdades sobre negociaciones muy avanzadas, un órdago brutal y una nueva marcha atrás presumiendo de negociaciones a punto de concluir… gracias precisamente a su labor y sus ultimatum.
Es lo que ha hecho estas semanas también: con la Isla de Jark, las instalaciones energéticas, los puentes y después con el tuit en el que anticipaba una destrucción civilizatoria. Después de haber jurado y perjurado en la víspera que en ningún caso habría nuevas prórrogas o extensiones de plazos, y que, si Irán no se rendía la única solución sería destrucción, se aferró a una posibilidad tras constatar que Irán no se rendía, como deseaba, como esperaba, como algunos de sus asesores y los aliados israelíes le habían dicho que pasaría.
Sin embargo, Israel, poco interesada aparentemente en la tregua, ha multiplicado este miércoles sus incursiones en el Líbano. El propio Vance admitió que a lo largo del día se habrían producido numerosas llamadas entre la Casa Blanca y el Gobierno de Netanyahu, y sugirió que sus principales aliados se contendrían en la zona, pero sin dejar claro si habían dado instrucciones tajantes para frenar, ante el peligro de un descarrilamiento total de las negociaciones y de opciones de paz. Vance, burlándose de sus interlocutores diciendo que quizás el problema es que no hablan bien inglés y por eso dicen «cosas raras», les instó en todo caso a no poner en riesgo el alto el fuego por lo que estaba pasando en el Líbano, con una extraña metáfora sobre su mujer saltando sin paracaídas de un avión tras una discusión familiar.
