Los ayatolás atacan a los países del Golfo y «destruirán» los barcos que pasen por Ormuz sin permiso

Hasta el momento, parece que el alto el fuego de Trump es unilateral. Estados Unidos dejó de bombardear Irán, pero Irán continúa bombardeando los Estados del Golfo. Todos estos aliados de Washington se sienten decepcionados por Trump. Esperaban que Estados Unidos «terminara el trabajo» y culminara su asalto al régimen de los ayatolás. De hecho, según algunas fuentes en Arabia Saudí, la Guardia Revolucionaria ha atacado el oleoducto Este-Oeste, que une el Golfo Pérsico con el mar Rojo, por el que habían sacado una buena parte de la producción de crudo sin tener que atravesar Ormuz. También se han registrado bombardeos en Kuwait, Bahrein y Emiratos Árabes Unidos. Las alertas telefónicas no han dejado de sonar durante todo el día.

Ahora, todos estos países del Golfo no sólo tienen que seguir conviviendo con el mismo vecino tóxico que les ha atacado de forma unilateral con misiles y drones, sino que puede que Teherán acabe llevándose una parte de sus beneficios petrolíferos por cruzar ese Estrecho. Javier Blas, analista de Energía para Bloomberg, asegura que «Ormuz nunca volverá a ser tan crucial como lo fue hace seis semanas: los rivales de Irán se apresurarán a construir más oleoductos de desvío» para no tener que atravesar el canal.

En total, teniendo en cuenta que por ese canal pasan 150 petroleros al día, Irán podría obtener anualmente unos beneficios de 60.000 millones de dólares al año.

Danny Citrinowicz, experto en seguridad y en Oriente Próximo, asegura que «al reconocer efectivamente el control de Irán sobre el estrecho, Estados Unidos ha ayudado a solidificar esta realidad. Irán ya puede comenzar a cosechar los beneficios económicos asociados. Sin embargo, cualquier expectativa en Washington de que Teherán haga concesiones en la acumulación de fuerzas o capacidades estratégicas probablemente esté equivocada«.

El Estrecho de Ormuz sigue cerrado de facto, o al menos bajo gestión de Teherán. En las primeras horas del alto el fuego pactado por Estados Unidos e Irán, el tráfico sigue casi detenido al completo y tan sólo un puñado de embarcaciones aparecen en movimiento en las webs de seguimiento de barcos. La mayoría de ellos siguen parados, bien frente a las costas de Emiratos Árabes Unidos, en la salida del canal, o bien en el Golfo de Omán, justo a su entrada. Algunas fuentes iraníes aseguran que Teherán sólo abriría totalmente el Estrecho a partir del viernes, cuando comiencen las conversaciones de paz en Islamabad.

Desde que el ultimátum entró en vigor, sólo 10 embarcaciones han pasado por esa rotonda marina que ahora maneja Irán, según el acuerdo marco aceptado por Estados Unidos. Más allá de las navieras ligadas a China o al propio Irán, grandes cargueros o petroleros de otras nacionalidades permanecen anclados. Da la sensación de que ningún capitán quiere ser el primero en proceder a la navegación hacia la aduana marítima que los ayatolás han montado entre las islas de Qeshm o Larak, y que sólo se abre cuando se depositan dos millones de dólares en yuanes para cualquiera de las dos direcciones.

Al pagar el dinero en yuanes o en criptomonedas, el capitán del barco recibe una contraseña que tendrá que usar en el canal entre esas dos islas. Militares de la Guardia Revolucionaria se acercan al buque a comprobar la carga. Si la contraseña es correcta, el barco podrá seguir navegando. Si no, tendrá que dar media vuelta o será «atacado» con drones y «destruido».

Este reportero estuvo hace pocas fechas en la orilla sur del Estrecho y los pescadores omaníes daban por hecho que la zona central del canal estaba minada. Pero nadie sabe si es cierto y, de serlo, dónde están esas minas. Tampoco nadie sabe qué papel va a jugar Omán en el cobro de esa misma tasa, ya que el extremo sur de ese mismo Estrecho es parte de su territorio, y Teherán asegura que tendría derecho a participar en ese mismo sistema de cobro.

Aunque Donald Trump sostenga en su red social Truth que el alto el fuego con Irán permite reabrir el Estrecho de Ormuz, la realidad sobre el terreno es más lenta y prudente. El tránsito marítimo no depende sólo de un tuit, sino de condiciones operativas verificables. Tras semanas de bombardeos, con 17 petroleros atacados, minas y amenazas, las navieras y capitanes siguen actuando con cautela, a la espera de que la seguridad quede realmente garantizada y de que se definan corredores fiables para la navegación.

Uno de los factores clave es el papel de las aseguradoras. Sin cobertura de riesgo de guerra, ningún petrolero puede operar, y estas pólizas suelen encarecerse o retirarse en escenarios de conflicto. Aunque se anuncie una tregua, las compañías necesitan tiempo para reevaluar el riesgo, confirmar que no hay amenazas activas y fijar nuevas primas. Hasta entonces, muchos buques permanecen bloqueados o evitan la zona, lo que explica por qué la reapertura política del Estrecho no se traduce de inmediato en una reanudación efectiva del tráfico.