Los mercados se tambalean al son de un dólar débil

Los mercados de capital han dejado de sentirse cómodos tras un largo año de convulsiones en las políticas económicas de la Administración Trump. Aranceles recíprocos de ida y vuelta que han convertido el libre comercio en una plaza de mercaderes en la que EEUU ejerce una gestión de los acuerdos bajo amenazas y exigencias coercitivas, un proteccionismo industrial que premia con subvenciones a la vieja economía fósil e invoca la seguridad nacional, y un intenso ejercicio de acoso contra el poder soberano de la Reserva Federal en el terreno monetario.

Pero ni siquiera esta triple cruzada contra el liberalismo en el paraíso del capitalismo –ni los atentados contra la legalidad de la ICE en Minnesota– han sido capaces de minar el dogma MAGA que impregna la doctrina económica del . Al menos hasta ahora, porque al inicio del segundo asalto del retorno de Trump al Despacho Oval, aliados como Canadá o Europa han empezado a mostrar sus primeras señales de rechazo a las beligerantes acciones exteriores de Washington, su disconformidad con sus intereses geopolíticos. Por su parte, las compañías tecnológicas, que han contenido cualquier conato de retroceso bursátil en 2025 al amparo del boom de la IA, empiezan a mostrar la grietas de unas inversiones billonarias en la carrera competitiva por el cetro de la computación mundial: destrucción de empleo y admisión de que la magnitud de sus despliegues de capital hacia la IA puede contener demasiados fuegos artificiales.

Sin embargo, la mano más visible que está moviendo los mercados en este inesperado inicio de 2026 es el dólar. El emblema del liderazgo económico estadounidense navega en un mar de dudas, en estado de libre flotación, aunque con una trayectoria descendente que ya está arrastrando por la montaña rusa cambiaria a las divisas del G-7. Unas, como el yen japonés, emitiendo signos de debilidad; otras, como el euro o las monedas de los países escandinavos –economías de rentas altas sensibles a los impulsos del billete verde americano– en ascenso.

Trump dice no estar preocupado, pero Scott Bessent, su secretario del Tesoro, se ha visto obligado a defender la histórica política de un dólar fuerte y a desmentir la insinuación de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, de una hipotética intervención coordinada con EEUU para contener las fluctuaciones de la divisa japonesa y su rampante mercado de bonos. Esta semana ha marcado repuntes de más de 25 puntos básicos en alguna sesión diaria y rentabilidades superiores al 4%.

La agenda fiscal expansiva de Japón ha acelerado un cambio de rumbo en un país que, según los cálculos de Takaichi, le otorgará la confianza el próximo 8 de febrero en unas elecciones anticipadas convocadas al calor de su amplia aceptación social, en cotas desconocidas para un primer ministro desde hace décadas. Pero no es el único foco de alerta. El dólar débil, lejos de aliviar tensiones con Europa, ha expuesto la fragilidad de socios monetarios como Alemania, que ha entrado en su tercer ejercicio de recesión con episodios leves de crecimiento anémico con un euro demasiado fuerte como para estimular su sector exterior.

También el oro, las materias primas metálicas, un incierto panorama comercial sin una clara radiografía de vencedores y perdedores en la guerra arancelaria, y una IA que ya deja retazos de una distorsión entre inversiones y proyectos corporativos que justifiquen los billonarios esfuerzos de capital, anticipan que algo huele en los mercados que recuerdan a otras burbujas especulativas del pasado. Muy en concreto, la , con cariz tecnológico, aunque sin la proyección innovadora que ahora ha irrumpido hacia la computación cuántica. Estos cinco análisis ayudan a esclarecer si habrá o no una debacle financiera en 2026, escenario que no descarta el FMI. 

1. El dólar, la madre de todas las batallas

“Miren los negocios que estamos haciendo”. Las palabras de Trump aludían a la bonanza de su sector exterior con ventajas competitivas vía precios con una divisa que se ha depreciado un 10% desde su retorno a la Casa blanca y que registra su nivel más bajo en 4 años con las monedas del G-10, la cesta de referencia que marca el compás cambiario. Pero el mercado dictamina otra interpretación. Existe un cierto consenso en que se ha abierto el negocio de la devaluación del dólar, con un elevado componente especulativo, que impulsa al oro y la plata por encima de los 5.250 y los 115 dólares por onza, respectivamente, añadiendo margen a una caída que podría ser de calibre, en caso de que se estabilice el valor.

Aunque la elección este viernes de Kevin Warsh como presidente de la Reserva Federal por parte de Donald Trump interrumpió una vertiginosa recuperación que también catapultó a la plata, el cobre y el platino a máximos históricos esta semana.

El euro, entretanto, superaba la barrera de los 1,20 dólares, lo que ha movilizado a varias de las voces del comité ejecutivo del BCE a alertar de rebajas de tipos si la cotización continúa en una proporción que resta competitividad exterior. Desde enero de 2025, la divisa común ha recuperado un 15,5% de su valor respecto al billete verde. En firmas como Gavekal, creen que esta brusca corrección se debe a un triple factor de riesgo: por un lado, una pérdida de la confianza inversora en la flexibilización de la Fed para rebajar tipos; por otro, a episodios de injerencias renovadas de la Casa Blanca en la soberanía de su autoridad monetaria y, en tercer término, a futuras embestidas de Washington hacia la OTAN o la pasarela comercial transatlántica, con amenazas arancelarias hacia los socios europeos que motiven una venta masiva de bonos americanos por parte de inversores e instituciones del Viejo Continente.

Algunos analistas han recordado estos días la frase del secretario del Tesoro, John Connally, quien, en 1971, formando parte de la Administración Nixon, y en pleno cambio de patrón monetario del oro al dólar, añadió que el billete verde americano “es nuestra moneda, pero es vuestro problema”. 

2. Contagio al Extremo Oriente

Japón también sufre sus secuelas. El cóctel de una inflación persistente con el primer alejamiento en décadas de los tipos de interés próximos a cero y una agenda fiscal expansiva ha volatilizado los parqués financieros nipones, que mantienen unos 5 billones de dólares invertidos en el exterior, y disparado el rendimiento de sus bonos soberanos a largo plazo. Los contactos, corroborados por Takaichi, a quien le gusta su apodo de la Thatcher japonesa, entre la Fed de Nueva York y entidades financieras niponas dieron alas a los inversores para intuir una acción concertada entre los dos bancos centrales –el BoJ y la Reserva Federal– para contener la caída libre de ambas divisas.

Con todo, la defensa del yen podría provocar ventas de reservas –incluidos bonos del Tesoro– y trasladar el pánico inversor al mercado de bonos americanos, donde ya habita un clima de especial sensibilización ante cualquier señal contradictoria sobre la divisa de referencia del comercio, las materias primas y las reservas internacionales.

3. El oro vuelve a ser el termómetro del riesgo

A juicio de Carsten Menke, responsable de Investigación Next Generation de Julius Baer, “el comercio de la devaluación está en auge” por la debilidad del dólar, lo que eleva la sensibilidad del oro, la plata y otros activos a las fluctuaciones del billete verde. En su opinión, los inversores “no están reaccionando ni a un retroceso real, de apenas un 3% en enero, ni al riesgo percibido de una erosión estructural de su valor en un contexto de incertidumbre política. Los flujos especulativos dominan sobre la coyuntura económica.

Estos movimientos telúricos, que han contagiado a la plata y metales como el cobre, recogen también réplicas sísmicas de cierto voltaje como el temor a otro cierre del Gobierno federal norteamericano por los altercado policiales en Minnesota, la sucesión de Jerome Powell al frente de la Reserva Federal o las tensiones con aliados de la OTAN reavivadas por Groenlandia, lo que refuerza el –ventas de bonos del Tesoro americano desde latitudes europeas y japonesas– o la idea de impulsar un euro como divisa .

4. Las ‘big tech’ añaden dudas sobre la IA y reactivan los expedientes de desempleo

Hay varios botones de muestra. El pistoletazo de salida lo lanzó a comienzos de semana Amazon y su anuncio de recorte de 16.000 empleos. La ola de despidos por la competencia interna de la IA en las grandes tecnológicas americanas para eliminar capas de burocracia y reducir estructuras de gestión –según el mercado– manda una señal nítida de que la carrera por la IA está empujando a las hacia modelos menos intensivos en capital humano.

El volantazo no parece un hecho aislado. Ni genuinamente americano. ASML eliminará 1.700 puestos centrados en gestión. Meta, Pinterest o Autodesk también recortan empleo con el objetivo de reasignar recursos hacia inversiones en IA. Al igual que Samsung. Wall Street ya empieza a ver el gasto billonario en algoritmos y computación cuántica no solo como motor de crecimiento, sino como riesgo financiero. Porque los inversores comienzan a poner en tela de juicio que los generosos proyectos en IA sirvan para acelerar la productividad y crear mayores retornos de beneficios.

Aun así, Meta se ha convertido en el nuevo estandarte de la inversión innovadora con unos desembolsos de capital de hasta 135.000 millones de dólares con los que arrastrará a toda su cadena industrial –desde fabricantes de chips hasta proveedores de maquinaria– en una escalada que redefine sus prioridades estratégicas y tensiona el negocio de los chips.

Aunque también afecta al hardware. Samsung, SK Hynix y ASML capitalizan el apetito voraz por la IA en este segmento productivo con beneficios récord, pese al peligro de un creciente desequilibrio entre oferta y demanda que amenaza a sectores clásicos como la electrónica de consumo o la automoción. Microsoft y, sobre todo, Tesla y la insistencia de Elon Musk de crear fábricas propias en EEUU, serán las que tendrán que dar más explicaciones en futuros trimestres. A la espera de que se desvelen las hojas de ruta de 2026 de Apple y Nvidia, la IA no tendrá en el futuro inmediato el plácet de confianza del ejercicio pasado. 

5. ‘Stablecoin’, otro foco de disrupción

La Ley Genius americana del pasado verano ha sido el detonador de un viraje monetario aún por cuantificar en toda su dimensión. La gran banca de inversión americana ya dispone de prototipos de pagos con sus propias divisas digitales, con tecnología y vinculación al dólar. Todo un arma geopolítica y financiera para la Casa Blanca, afirma Gillian Tett, una de las consejeras editoriales de que suscribe su histórico responsable de análisis económico Martin Wolf en una reciente tribuna de opinión. La idea de Trump es “extender el uso global de activos digitales denominados en dólares, lo que ayudaría a sostener la demanda de deuda pública estadounidense y, con ello, a financiar déficits crecientes”.

El temor es compartido por el FMI, la OCDE y el Banco Internacional de Pagos, que cuestionan la capacidad de las para velar por la estabilidad, la integridad y el funcionamiento de la arquitectura financiera global. EEUU –dice Wolf– está dispuesto a avanzar rápido para romper cosas, por lo que Europa “debe resistir, reforzar su soberanía monetaria y apostar por unas stablecoins propias y estrictamente reguladas bajo las directrices del BCE y con el euro electrónico como mástil monetario”.