Djokovic impone su prodigiosa longevidad ante Sinner y será el rival de Alcaraz en la final

Sobre la pista donde ya levantó 10 títulos, Novak Djokovic se santiguaba de rodillas y agradecía a Dios lo que acababa de ocurrir. A sus 38 años, con sus 24 Grand Slam, el domingo volverá a una final «grande» después de derrotar a JannikSinner en otra asombrosa semifinal por 3-6, 6-3, 4-6, 6-4 y 6-4, en más de cuatro horas de juego.

Eran ya las dos de la madrugada en Melbourne cuando el serbio hacía lo que se creía imposible. En los cinco enfrentamientos previos entre ambos, Sinner le había derrotado una y otra vez para negarle la gloria; este viernes, en cambio, acabó atrapado en su tela de araña. Cualquier análisis técnico o táctico desaparece ante el desenlace. Sinner sacó mejor, desplegó sus golpes letales —hasta 72 «winners»— e incluso varió su juego, pero Djokovic resistió. La ausencia de desgaste en los partidos previos, gracias a las retiradas de Jakub Mensik y Lorenzo Musetti, le permitió volver a flotar sobre la pista y, entre otras muchas cosas, salvar hasta 16 bolas de «break» en contra. Una estadística sí permite entender y entregarse al asombro: pese a su edad, Djokovic ganó más intercambios largos que Sinner, que tomó peores decisiones.

«Ahora mismo me faltan las palabras», aseguraba el serbio al terminar el partido, mientras todos los miembros de su equipo rompían en lágrimas, especialmente el español Carlos Gómez Herrera. «Me parece surrealista haber jugado más de cuatro horas. Me recuerda a la final de 2012 contra Rafa [Nadal]. La intensidad, la calidad del tenis… todo ha sido extremadamente alto. Sinner me había ganado demasiadas veces», proclamaba quien, en la red, durante el saludo habitual entre jugadores, agradeció a su rival que le dejara jugar una final más.

Alcaraz como rival

Su triunfo fue la enésima demostración de que es el mejor jugador de la historia y ahora tendrá delante a quien más amenaza su trono, Carlos Alcaraz. Después de la semifinal del español ante Alexander Zverev, Djokovic se acercó a felicitarle y bromeó con él: «Mi partido va a empezar tarde y las personas mayores tenemos que irnos pronto a la cama». Unas horas después, serán rivales por un Grand Slam.

Será un partido con una elevada carga psicológica, como lo fueron los anteriores. El pasado verano, Alcaraz superó sin remedio a Djokovic en las semifinales del US Open, pero este le había derrotado meses antes precisamente en los cuartos de final del Open de Australia y, sobre todo, en la final de los Juegos Olímpicos de París. Aquel partido sigue en la memoria del español como una de sus grandes derrotas, porque no tendrá oportunidad de colgarse un oro hasta 2028 y porque no solo se representaba a sí mismo.

La relación entre ambos fuera de la pista es magnífica —de ahí las bromas sobre que Alcaraz había copiado el saque de Djokovic—, pero el domingo ambos buscarán escribir la historia por su cuenta. «Yo siento que ya he ganado. El domingo tengo que volver y pelear contra el número uno. Solo espero tener suficiente gasolina para poder hacerlo codo con codo», finalizó el vencedor de 24 Grand Slam, que busca el número 25.