Beyoncé fue la cantante que más facturó en 2025, mientras se frena el negocio del directo: menos giras, conciertos más grandes y entradas más caras

El año de los regresos imposibles, del Cowboy Carter Tour, de los estadios convertidos en mares de pulseras de luz: 2025. Tras dos años de crecimiento explosivo, la industria global de la música en directo ha entrado este 2025 en una fase de normalización. Así lo certifica el informe anual de Pollstar, la publicación de referencia para el negocio de la música en directo a escala global, que describe el ejercicio como una «vuelta a la normalidad» tras la post pandemia, un periodo en que la industria se frotó las manos. Las cifras siguen siendo muy altas, pero ya no avanzan al ritmo vertiginoso que marcó los récords recientes.

El estudio señala una ligera caída tanto en la recaudación total como en el número de entradas vendidas con respecto a 2024. No hay desplome ni alarma en los datos. La música en directo sigue moviendo mucho más dinero que antes de la pandemia, señal de que el sector ha crecido de verdad. Lo que se cierra este año es la etapa extraordinaria del rebote, alimentada por el público que volvió en masa a los conciertos tras el parón.

La clave del año está en una aparente contradicción. Aunque el total de ingresos baja, la recaudación por concierto alcanza máximos históricos: los artistas generan más ingresos por cada entrada que venden. Según Pollstar, esto responde a una estrategia cada vez más extendida entre artistas y promotores: menos fechas, pero en recintos más grandes, con una consiguiente mayor optimización de precios, aforos y producción. El resultado es un mercado más concentrado y eficiente, pero en su cúspide.

las superestrellas

Ese modelo explica el dominio de un puñado de nombres propios. Las giras de Beyoncé -líder indiscutible-, Oasis y Coldplay encabezan las listas mundiales y simbolizan el tipo de espectáculo que hoy sostiene el negocio: grandes eventos de estadio, concebidos como citas excepcionales, con precios elevados y una fuerte carga emocional o generacional. El top 10 lo completan, tras estos, Kendrick Lamar / SZA, Shakira, The Weeknd, Chris Brown, Imagine Dragons, Lady Gaga y Post Malone. El concierto deja de ser una parada más de una gira para convertirse en un acontecimiento en sí mismo, algo que uno no puede perderse.

El informe detecta también un cambio en el comportamiento del público. Los espectadores siguen dispuestos a pagar entradas caras, pero compran menos conciertos al año y priorizan aquellos percibidos como imprescindibles. Esta mayor selectividad refuerza a las superestrellas y eleva el listón para el resto de artistas, que necesitan propuestas cada vez más claras y diferenciadas para movilizar a su audiencia.

Los estadios se consolidan también como el gran motor económico del directo. Cada vez más giras apuestan por este formato, mientras que las arenas medianas, teatros y salas pequeñas encuentran más dificultades para subsistir. Pollstar advierte de una creciente polarización del sector: arriba, espectáculos multimillonarios capaces de absorber gran parte del gasto del público; abajo, un tejido más vulnerable, presionado por el aumento de costes logísticos, técnicos y de personal.

Y, con todo, la internacionalización del negocio. Aunque Estados Unidos sigue siendo el principal mercado, Europa, Latinoamérica y Asia ganan peso en las rutas globales. Las grandes giras se conciben ya como operaciones plenamente internacionales, con calendarios más largos, producciones más complejas y una dependencia creciente de públicos más diversos.

Pero a este contexto se suma un problema de fondo que aparece una y otra vez en el informe: los costes no dejan de subir. Producciones más complejas, transportes internacionales, personal técnico y seguros han elevado el umbral de rentabilidad de las giras. Para muchos artistas, salir a la carretera solo tiene sentido si se alcanzan volúmenes muy altos, lo que empuja aún más al mercado hacia los grandes recintos y reduce el margen para propuestas intermedias.

La conclusión del informe es clara: la música en directo sigue siendo uno de los pilares más sólidos de la industria cultural, pero el ciclo de crecimiento acelerado ha terminado. El reto a partir de ahora no será batir récords cada año, sino gestionar un mercado más maduro, más caro y más concentrado, manteniendo un equilibrio sostenible entre grandes eventos, diversidad artística y viabilidad económica del conjunto del sector.

La música en directo cierra así 2025 fuerte, pero más contenida. El gran boom ha quedado atrás y el sector entra en una etapa más madura, en la que no bastará con crecer: habrá que acertar. Esa será la verdadera prueba de 2026.