Ni completamente humana, ni completamente artificial: así nació TaTa Taktumi, la primera estrella del ‘AI-pop’

No es ni 100% humana, ni 100% artificial. «Es un híbrido», define el todopoderoso productor estadounidense Timbaland. El impulsor de grandes estrellas del hip-hop y el R&B como Aaliyah y Missy Elliott y creador de innegables éxitos de Jay-Z y Justin Timberlake tiene una nueva protegida. Se llama TaTa Takumi y, en realidad, no existe, aunque es más real de lo que pudiera parecer. La cantante asiática de chirriante pelo rosa y actitud arrogante nació en su imaginación, se modeló a partir de sus canciones y terminó tomando forma de videoclip el pasado octubre.

Glitch x Pulse aterrizó como un terremoto en una industria musical que mira a la inteligencia artificial como una competencia inevitable, pero indeseable. Sus acordes nacieron de la colaboración del hombre y la máquina. Para entendernos, del trasteo de Timbaland con la herramienta de generación de música Suno, que conquistó tanto al productor que le llevó a abrir su propia empresa de entretenimiento centrada en inteligencia artificial bajo el nombre de Stage Zero. «Lo llamo desarrollo artístico rediseñado», describe en una entrevista con The New York Times.

Suno genera canciones a partir de indicaciones por escrito o habladas, pero también construye o mejora temas a partir de audio. «Se trata de verbalizar la música, tomar lo que tengas en la cabeza y simplemente, decirlo», explica el productor, que ha llegado a tararear ideas al software para que obrara su magia. Las letras sí están escritas por compositores humanos y una actriz real interpreta a la cantante en el videoclip.

Su voz, en cambio, sí es parcialmente artificial, y su historia y su imagen nacen de una larga cadena de creatividad que, sí, culminó en la máquina. La herramienta de generación de video con IA Veo 3 ayudó a crear las imágenes, pero el objetivo de Timbaland fue no perder nunca del todo el anclaje en la realidad.

Hace unos días, TaTa Takumi lanzó su segundo single, Rack It Up, generado con la misma tecnología, una especie de nuevo género musical que el propio Timbaland ha bautizado AI-Pop y que cae como un jarro de agua fría en una industria musical que lucha ferozmente por defender la humanidad de los procesos en un entorno cada vez más entregado a la tecnología.

La propia Suno ha sido blanco de una demanda interpuesta por las principales discográficas por infracción de derechos de autor, dado que su software se ha entrenado con innumerables canciones reales. El mes pasado llegó a un acuerdo con Warner Music Group y ambas compañías anunciaron una alianza .

Ya el pasado verano irrumpió en el panorama musical una banda que se hizo viral más por su cómo que por su qué. Los dos discos de The Velvet Sundown, que aparecieron de forma casi simultánea en internet, sonaban al rock psicodélico de los 70, con un cierto aire a The National y un título, Dust in the Wind, con reminiscencias del clásico homónimo de Kansas. Sin embargo, ni el cantante, Gabe Farrow, ni sus músicos Lennie West, Milo Rains y Orion Del Mar habían existido jamás antes de aquellos lanzamientos.

La plataforma Deezer, que cuenta con una tecnología que rastrea el uso de IA, advirtió de que en en sus álbumes hay «algunas canciones que pueden haber sido creadas usando inteligencia artificial». Un estudio de la francesa Ircam Amplify, filial del prestigioso Institut de Recherche et Coordination Acoustique/Musique, detectó que 10 de las 13 canciones de Dust and Silence estaban hechas al 100% con esa tecnología, probablemente con el programa Suno 4.5. Parece que la música ha dejado de ser patrimonio exclusivo de la creatividad humana.