La posible conversación telefónica entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y Nicolás Maduro se perfila ya como un elemento más dentro de un escenario de tensión creciente en el Caribe. Según adelantó este lunes el medio Axios, citando a fuentes de la Administración estadounidense, Trump ha trasladado a sus asesores su intención de mantener una llamada con el mandatario venezolano, aunque el contacto continúa “en fase de planificación” y no tiene fecha prevista.
Las mismas fuentes describen un clima especialmente delicado. Un funcionario implicado en los contactos aseguró a Axios: “Nadie planea entrar y dispararle o secuestrarlo (a Maduro), en este momento. No diría que nunca vaya a ser así, pero ese no es el plan en este momento”. La frase ilustra el nivel de fricción entre ambos gobiernos.
El anuncio se produce el mismo día en que el Departamento de Estado confirmó la designación del llamado Cartel de los Soles como organización terrorista extranjera (FTO). Washington sostiene que esta red, de la que oficialmente se conoce muy poco, está integrada por altos mandos militares y figuras del Gobierno venezolano y que Maduro y Diosdado Cabello la encabezan desde hace años. Caracas rechaza de plano esa tesis y considera que se trata de un “invento” destinado a justificar una intervención.
Maduro evitó pronunciarse sobre esta acusación durante su programa semanal Con Maduro+, emitido por el canal estatal VTV, pero defendió que el país resiste la presión internacional. “Hagan lo que hagan, como lo hagan, donde lo hagan, no van a poder con Venezuela. Somos invencibles. No han podido ni podrán jamás con nuestra patria”, afirmó. Según dijo, su Gobierno percibe apoyos “en todas partes” ante las “asechanzas, guerras psicológicas, políticas, diplomáticas”.
La Cancillería venezolana acompañó esas declaraciones con un comunicado en el que tachó la decisión de Washington de “vil mentira”, reafirmó que el Cartel de los Soles es una estructura “inexistente” y acusó a la Administración Trump de reproducir un patrón de hostilidad con implicaciones de seguridad regional.
Mientras tanto, la situación en el Caribe se intensifica. Datos de la plataforma FlightRadar24 confirmaron que un bombardero B-52, dos cazas F/A-18 y un avión E-2 de alerta temprana sobrevolaron este lunes las aguas entre Venezuela y Curazao, a menos de 70 kilómetros de distancia. El movimiento coincidió con la decisión estadounidense sobre el Cartel de los Soles y se enmarca en el despliegue militar iniciado este verano, que Washington justifica como parte de sus operaciones antidroga.
Ese clima de tensión ya tiene consecuencias en el tráfico aéreo. Desde que la Administración Federal de Aviación (FAA) instó el pasado sábado a “extremar la precaución” al sobrevolar el espacio venezolano, al menos 22 vuelos han sido cancelados en Caracas y varias aerolíneas internacionales han optado por evitar la zona. La FAA mencionó una “situación potencialmente peligrosa” debido al aumento de actividad militar.
El jefe del Estado Mayor estadounidense, Dan Caine, también se encuentra esta semana en el Caribe. Tras visitar Puerto Rico este lunes, se reunirá el martes con la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, en un intento de reforzar la coordinación con los aliados regionales en un momento de inestabilidad marcado por la escalada entre Washington y Caracas.
