La victoria de Javier Milei en las legislativas de Argentina consolida su poder aunque no resuelve su fragilidad

Argentina ha votado y ha dado aire al experimento político de Javier Milei. El partido del presidente, La Libertad Avanza (LLA), ha ganado las elecciones legislativas de mitad de mandato celebradas este domingo con el 39% de los votos, frente al 29,4% obtenido por la alianza peronista Fuerza Patria, según los datos oficiales cuando se ha completado más del 95,6 % del escrutinio. La victoria del ultraderechista en esta cita electoral, planteada como un plebiscito sobre su gestión, le otorga al mandatario un respaldo decisivo para avanzar en su programa económico, aunque no resuelve la fragilidad de un Gobierno que aún depende de alianzas inestables y de un clima social cada vez más tenso.

Con estos resultados, el oficialismo se encamina a alcanzar un tercio de la Cámara de Diputados, el objetivo mínimo que el propio Milei había fijado para sacar adelante sus reformas estructurales y bloquear los intentos de la oposición de revertir sus decretos. En el Senado, LLA se impone en seis de los ocho distritos que renovaban escaños, aunque seguirá sin contar con el tercio necesario para blindar su programa legislativo. El tercer lugar ha sido para Provincias Unidas, una alianza de gobernadores provinciales, con el 5,8 % de los sufragios.

El resultado supone un cambio político de gran calado. LLA ha logrado imponerse en las provincias más importantes del país, incluida la ciudad de Buenos Aires, además de Córdoba, Santa Fe y Mendoza, y ha sorprendido con una victoria inesperada en la provincia de Buenos Aires, bastión histórico del peronismo donde el oficialismo había sido derrotado apenas un mes antes en las elecciones locales. Ese vuelco marca el fin del dominio territorial del kirchnerismo y consolida a Milei como el principal referente de una nueva derecha populista que combina retórica antisistema con políticas económicas ortodoxas.

La participación electoral, del 67,85 %, ha sido la más baja desde el retorno de la democracia en 1983, un dato que refleja tanto el desgaste de la sociedad argentina tras un año de ajustes y recesión como el desencanto político ante una oferta polarizada. Milei ha celebrado los resultados como un plebiscito a favor de su “revolución liberal”, pero el mensaje de las urnas también evidencia un apoyo desigual: fuerte en los grandes centros urbanos, más frágil en las provincias empobrecidas del norte.

Un poder más sólido, pero con bases inestables

La lectura política es doble. Por un lado, el presidente sale reforzado y podrá acelerar sus reformas —desregulación económica, recorte del gasto público y privatizaciones— con mayor margen legislativo. Por otro, el resultado no le garantiza gobernabilidad plena: la falta de mayoría lo obliga a negociar con sectores del PRO, el partido de Mauricio Macri, y con grupos provinciales de centroderecha. Las tensiones dentro del gabinete, las denuncias de corrupción que salpican a su hermana y jefa de gabinete, Karina Milei, y el impacto social del ajuste siguen siendo lastres evidentes.

En el plano internacional, el triunfo de LLA tranquiliza a los mercados y satisface a Washington, que había condicionado parte de su paquete financiero de 40.000 millones de dólares al desempeño del Gobierno en las urnas. Milei mantiene así el apoyo político y económico del presidente estadounidense Donald Trump, cuyo respaldo ha sido decisivo en la campaña. Sin embargo, el riesgo de una devaluación del peso y el malestar por el deterioro del poder adquisitivo pueden erosionar pronto el capital político ganado este domingo.

Argentina entra ahora en una nueva fase: Milei ha consolidado su poder, pero no su estabilidad. La victoria legislativa le otorga aire y tiempo, aunque también lo expone a un desafío mayor: convertir el voto de confianza en una gobernabilidad efectiva, en un país que sigue dividido, exhausto y escéptico ante las promesas del cambio.