Moldavia confirma su rumbo europeísta con la aplastante victoria de Maia Sandu

Moldavia ha dado un paso de gigante en el camino que debería terminar en la membresía de la Unión Europea. Los resultados de las elecciones legislativas que se han celebrado este domingo han otorgado al Partido de Acción y Solidaridad (PAS), la formación que lidera la presidenta Maia Sandu, una mayoría amplia que le permitirá gobernar en solitario. Con el 96% del escrutinio completado, el PAS alcanza cerca del 48% de los votos y en el nuevo Parlamento se asegura más de 51 escaños, suficiente para no recurrir a coaliciones.

La victoria de PAS resulta especialmente significativa porque se produce en un momento delicado: la guerra en Ucrania sigue marcando la agenda regional y la presión de Moscú sobre Chisinau no ha dejado de crecer en los últimos años. Con ciberataques, intentos de compra de votos y campañas de desinformación, las autoridades moldavas llevan meses denunciando injerencia rusas en estos comicios. En palabras del líder del PAS, Ígor Grosu, Rusia emprendió «esfuerzos colosales» para socavar los comicios, algo que también Maia Sandu denunció tras señalar varios intentos de fraude en colegios electorales.

El retroceso prorruso y el nuevo mapa político

El principal rival de Sandu, el Bloque Electoral Patriótico (BEP), que aglutina a socialistas, comunistas y formaciones abiertamente rusófilas, apenas llega al 25% de los apoyos. El contraste de los bloques refleja un giro claro del electorado hacia el europeísmo, aunque la oposición no se resigna: con la denuncia de persecución política y ha convocado una manifestación pacífica frente a la Comisión Electoral Central para este lunes, con la idea de poner en cuestión los resultados electorales.

Más allá del duelo entre Sandu y los prorrusos, el mapa político deja algunos matices. La coalición Alternativa se convierte en la tercera fuerza con un 8% de los votos, seguida por el prorruso Nuestro Partido (6%) y por el emergente Democracia en Casa (6,2%). El dato confirma que, aunque las formaciones menores superan el umbral del 5% y podrán tener representación parlamentaria, la correlación de fuerzas está definida: el PAS se impone con claridad y los bloques prorrusos quedan arrinconados.

En las regiones autónomas de Gagauzia y en la separatista Transnistria, el voto prorruso mantiene su hegemonía, como viene siendo habitual. Allí, la oposición sigue encontrando un electorado fiel, lo que dibuja un país aún con fracturas internas. Sin embargo, en el conjunto nacional, la victoria europeísta es incontestable.

El desafío de Moscú y el horizonte europeo

El proceso electoral se vivió con una alta participación, tanto dentro como fuera del país. Más de 1,6 millones de personas acudieron a votar en Moldavia y otros 270.000 lo hicieron desde el extranjero. El voto de la diáspora, especialmente de quienes residen en países de la UE, ha sido decisivo. Ya lo fue en 2024 para sacar adelante el referéndum sobre la adhesión europea y ahora vuelve a inclinar la balanza. No es casual que Moscú haya criticado con dureza la apertura de apenas dos colegios electorales en territorio ruso, que limitaron a tan solo 10.000 personas la participación de los cientos de miles de moldavos residentes allí.

El trasfondo de estas elecciones es claro: Moldavia se encuentra a las puertas de iniciar negociaciones formales para ingresar en la Unión Europea, un objetivo fijado para 2030. La continuidad de Sandu y el PAS garantiza que el proceso no se frene ni quede atrapado en el laberinto de las alianzas con partidos ambiguos o directamente prorrusos. Los analistas coinciden en que una derrota del oficialismo habría supuesto un retroceso o, como mínimo, un freno drástico al proyecto europeísta.

El escenario internacional añade más presión. Moldavia comparte frontera con Ucrania y teme que Moscú intente utilizar la región separatista de Transnistria como palanca de desestabilización. En este contexto, el triunfo de Sandu refuerza no solo la orientación proeuropea del país, sino también la percepción de que su neutralidad será vigilada de cerca. Según expertos moldavos y ucranianos, mantener esa neutralidad es clave para no abrir un nuevo frente en la región mientras la guerra en Ucrania sigue activa.

Aun así, la oposición prepara batalla. Nadie espera que los prorrusos acepten sin más el resultado. La experiencia de comicios anteriores, donde los bandos se disputaron cada acta hasta el límite, anticipa que los tribunales y las calles serán los próximos escenarios de esta pugna.

Pero el mensaje de las urnas ya está lanzado: Moldavia ha elegido reforzar su rumbo europeo, resistir las presiones de Moscú y otorgar a Maia Sandu un mandato claro. En un país pequeño, encajado entre Ucrania y Rumanía y con una historia marcada por la ambigüedad geopolítica, esa decisión equivale a mucho más que un cambio de Gobierno. Es una declaración de intenciones.