Verstappen vuela, McLaren se lía y Alonso rompe la suspensión en Monza

Un error clamoroso con la pistola fue solventado por McLaren con una orden de la que se hablará durante el resto del Mundial. La escudería de Woking lo acaparó todo en Monza salvo la victoria, propiedad exclusiva de Max Verstappen, con 19 segundos de ventaja en la meta. La superioridad de Red Bull, casi al nivel de su supersónico curso 2023, fue proporcional a la polémica suscitada por el equipo de Zak Brown, que devolvió la segunda plaza a Lando Norris cuando la había perdido durante su pit-stop frente a Oscar Piastri.

Todo se precipitó cuando ya nadie lo esperaba en el Templo de la Velocidad, cuando se difuminaba por completo la opción de un safety car. En la vuelta 38, Red Bull había tomado la iniciativa, con duros para Verstappen, que se reincorporó tercero, consciente de sus bazas ganadoras. Recortaba casi un segundo por vuelta, así que a siete para la meta, McLaren tuvo que cumplir su pit-stop con Piastri.

Norris debía sentirse tranquilo, consciente de que no iban a permitir el undercut de su compañero. Casi de inmediato pararon al británico, pero una pifia en la rueda delantera izquierda ralentizó la operación durante 5,9 segundos. A los 34 puntos de déficit en el campeonato había que sumar otros tres. Era un momento de no retorno en McLaren, que optó por reordenar de mala manera lo que ellos mismos habían desorganizado. Piastri dejó paso a Norris y ahí acabó la pugna sobre el asfalto.

«¿Qué hace este idiota?»

Un triste remate a una carrera que había arrancado de un modo glorioso. Otra exhibición de Verstappen, uno de los mejores pilotos de la historia, capaz por sí solo de contener a McLaren y ridiculizar una vez más a Yuki Tsunoda, que cruzó la bandera a cuadros a 80 segundos de su compañero en Red Bull.

Durante las tres primeras vueltas, cada cual esgrimió sus razones para no quedarse atrás. Norris y Piastri, rivales por el título, debían andar con algo más de tiento. Verstappen, como alma libre, podía permitirse más licencias. Igual que Charles Leclerc, obligado a enarbolar el emblema del Cavallino ante los tifosi.

De este modo, nada más apagarse el semáforo, Verstappen recurrió a todas sus artes para mantener el liderato ante un intrépido Norris. «¿Qué hace este idiota? Me echó a la hierba y recortó la curva», clamó el británico, reclamando lo que consideraba suyo. Los comisarios, efectivamente, ordenaron el intercambio de posiciones. Nada definitivo para Mad Max, al volante de un RB21 al fin competitivo.

Tres giros más tarde, en ese mismo punto, el tetracampeón devolvía el golpe en la Variante del Rettifilo. «Esto es sólido, Max. Sigue ampliando la ventaja. Sabemos cómo pueden cambiar las cosas, así que sigue aprovechando este stint«, contaron al líder por la radio.

Unos metros más atrás, Leclerc y Piastri se jugaban los cuartos con idéntico arrojo. Al movimiento del australiano por el exterior en Lesmo 1 siguió la réplica de Il Predestinato, camino de la Curva Grande. La lógica superioridad del líder del Mundial estabilizaría la situación hasta el primer pit-stop.

Quienes rompieron las hostilidades en el pit-lane fueron Fernando Alonso y Gabriel Bortoleto, enzarzados desde el inicio por la séptima plaza. El asturiano evitó el choque con un frenazo súbito, aunque la lentitud de los mecánicos de Sauber le permitió salir por delante. Con aire limpio había llegado el momento de comprobar el ritmo real del AMR25, pero una avería en la suspensión delantera hizo trizas sus aspiraciones. «Increíble», lamentó Fernando.

Había encontrado ciertas prestaciones Alonso, pese a algún problema en la entrega de energía. «Mientras lo entiendes perdemos otra posición», espetó a su ingeniero cuando cedía frente a Lewis Hamilton. El tercer abandono del año por avería compendia el atribulado momento de Fernando, mientras el farolillo rojo de Lance Stroll -perjudicado por un toque con Esteban Ocon y por un contratiempo durante su pit-stop- ilustra la debilidad de Aston Martin. Sólo los fiascos de Ferrari, con la cuarta plaza de Leclerc y la sexta del heptacampeón, parecen a su altura.

En la vuelta 26, la misma de la desdicha de Alonso, Carlos Sainz se vio obligado a dejar sitio a su compañero Alex Albon, favorecido una semana más por la estrategia idónea de Williams. Mientras el español se libraba de una penalización por saltarse la Variante della Roggia, su compañero iba escalando posiciones con las gomas duras. En esa misma curva 4, Carlos sufrió un encontronazo con Oliver Bearman, penalizado con 10 segundos. La enésima decepción del año con ese undécimo en la meta, a menos de un segundo de Isack Hadjar, que había tomado la salida desde el pit-lane por romper el parque cerrado.