Las protestas pro Palestina y contra la actuación del estado israelí en la guerra de Gaza alteraron el desenlace previsto de la etapa de la Vuelta, con final en Bilbao. La dirección de la ronda decidió, cuando sólo restaban una veintena de kilómetros, adelantar la conclusión de la jornada a falta de tres a meta por temor a los incidentes que podrían provocar los manifestantes. Se tomaron tiempos para la general, montaña y puntos pero no hubo ganador de la etapa. Jonas Vingegaard, que se escapó en el último tramo final junto al británico Tom Pidcock, mantiene el liderato.
En las últimas jornadas, las protestas por la represión en Gaza habían generado inquietud entre los responsables de de la Vuelta, con la presencia de numerosas personas con pancartas, pero en ninguna jornada hubo tanta tensión como en la de este miércoles. Los numerosos manifestantes presentes en las cercanías del estadio de San Mamés provocaron que Javier Guillén decidiera alterar la resolución de una jornada que ya arrancó con retraso y mucho nerviosismo.
Las protestas pro Palestina provocaron que antes del banderazo de salida se produjera una reunión de los representantes de los equipos para hablar de la seguridad de los ciclistas. En la salida de neutralizada, un pequeño grupo cortó durante cinco minutos la carrera. Uno de los manifestantes se plantó delante de los corredores, comisarios y directores de la Vuelta para protestar contra Israel.
Con ese ambiente, empezó una etapa que prometía sensaciones fuertes por el atractivo recorrido de dientes de sierra, con siete muros y sucesión de trampas.Terreno de clásicas en Bilbao. En este ambiente tenso se levantó el telón y al instante se marcharon el venezolano Orluis Aular (Movistar), el catalán Marc Soler y el danés Mads Pedersen (Lidl-Trek), líder de la clasificación de los puntos. El trío coronó los altos de Laukiz, Sollube y Balcón de Vizcaya con una ventaja de un minuto sobre el grupo de favoritos. En Morga, con 78 kilómetros por delante, Soler abandonó a sus compañeros.
Una aventura infructuosa a la que dio continuidad Mikel Landa. Sus incondicionales vibraron con el arranque en las rampas de la primera suda al Vivero. Al escalador del Murguía se unió el colombiano Santiago Buitrago.
«Hoy me gustaría estar muy activo, ser un corredor combativo. A ver si podemos estar en el movimiento acertado», advertía Landa antes de tomar la salida junto al estadio de San Mamés. «Bilbao para mí es como estar en casa, prácticamente, disfrutar de nuestros aficionados, de nuestras carreteras, de muchos amigos y familia», dijo. Otra misión imposible para el veterano alavés, que, a 25 km de la meta, no pudo seguir la estela de Buitrago.
Ofensivas inútiles que precedieron al momento decisivo de la jornada, cuando el Visma de Vingegaard endureció la marcha en el segundo ascenso al Vivero y el pelotón se desquebrajó camino del alto de Pike. Entonces, la dirección de carrera comunicó en Radio Vuelta la alteración del final de etapa: «Por motivos de seguridad, los tiempos de la clasificación general se tomarán a 3 kilómetros de la línea de meta. No habrá ganador de etapa. Habrá puntos de la montaña y los conseguidos en el sprint intermedio, pero no de la clasificación por puntos».
En ese tramo final aparecieron Pidcok y Vingegaard que se fugaron y adelantaron al grupo de Almeida en 15 segundos. Una anécdota tras la polémica generada por la protestas contra la represión israelí en Gaza.
